|
|
| 02 de Mayo de 2003 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Entran al área cruzadas de ayuda; 10 muertos dejó temporal al chancho Che se desarrugan con paleteada de San Isidro: Paran lluvias de 6 días
El sol volvió a brillar después de seis días de lluvias copiosas que provocaron el desborde del río Salado, cuyas aguas cubrieron vastos sectores del norte de esta provincia agrícola. Equipos de demolición del ejército hicieron volar algunos terraplenes de defensa, lo que permitió que el agua comenzara a escurrirse hacia el vecino río Paraná, en una de cuyas márgenes se levanta esta capital provincial. Los terraplenes fueron construidos como defensa contra las periódicas inundaciones del Paraná, pero esta vez el torrente provino imprevistamente del río Salado, algo que muy raras veces ocurrió en el pasado. El gobernador provincial Carlos Reutemann comentó que "lo ocurrido en esta ciudad es de la misma magnitud que para Nueva York fue lo de las Torres Gemelas", en referencia al atentado terrorista del 11 de septiembre de 2001. Reutemann, que gozaba de un alto nivel de popularidad en la provincia, fue sin embargo abucheado e insultado por los desesperados vecinos, cuando el martes visitó las zonas afectadas. El gobernador deslindó su responsabilidad, asegurando que "el desborde del río Salado era imprevisible. Históricamente la altura de sus aguas no habían pasado de 7,16 metros, pero esta vez llegó a los ocho metros. Yo no quiero cargar con responsabilidades que no me corresponden", señaló. Son incalculables los daños provocados por las aguas, que alcanzaron una altura de casi dos metros en barrios de la ciudad y que arrastraron todo lo que se les interponía. Casi la mitad de esta capital quedó bajo las aguas. Los pobladores evacuados fueron ubicados en lugares de emergencia, que a menudo debieron abandonar también apresuradamente, ante el avance de las aguas. Muchas personas se refugiaron en los techos de sus viviendas, que rehusaban abandonar por temor a los robos y los saqueos, que ya comenzaron en algunos lugares.
|
|