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| 06 de Mayo de 2003 | |||
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Tenebrosa y rápida venganza del ofendido, jefe de la pandilla "Los Carne Amarga" Lo mataron a machetazos por lanzarle churro a pierna suave de un traficante
El peñi fue asesinado a machetazos la mañana del domingo, pero el crimen sólo fue denunciado por sus familiares de nochecita, ya que los residentes de ese populoso sector son más bien reacios a visitar los cuarteles y se santiguan cuando pasan frente a las comisarías. El hecho provocó estupor entre los seis únicos vecinos que no están prontuariados de calle María Angélica, al trascender que cuatro miembros del Club Deportivo "Los Carne Amarga" habían asaltado la casa signada con el número 2877 de ese beatífico paraje y se habían cargado al Gerónimo y dejado con principio de autopsia a su primo, el benemérito Jorge Alejandro Cayupil Muñoz, de 21 primaveras. El hecho, calificado por la policía como un presunto ajuste de cuentas, ocurrió tipín misa de nueve, cuando el occiso y Alejandro se preparaban a salir. Según algunos parientes del finado, minutos antes del ataque, el primero había ido al despacho del barrio a comprar pan y chancho para el desayuno y, al parecer motivado por el popular nombre del fiambre, había piropeado a una de sus vecinas, mina de un narcotraficante. Tras ese leve incidente, la pareja de primos cuchareó rápido porque había planeado observar desde la esquina el paso del repechaje del Cuasimodo y disfrutar del fervor popular que corre al Cristo a lomo de pingo o pedaleando sobre chanchas bien adornadas. Se preparaban a salir cuando, luego de abrir la puerta a patadas, ingresaron al domicilio Joel Antonio y Carlos Andrés Calfún, de 31 y 19 años; y Angel Patricio Yévenes y Daniel Farías, de 18 y 34. Como un huracán, los dos primeros chuchumecos malandrines armados de una escopeta recortada, estoques y un machete corrieron hacia el segundo piso dejando la tendalada de parientes machucados a su paso. Al llegar al dormitorio, golpearon a Alejandro y le propinaron tres machetazos en la cabeza a Gerónimo. Enseguida, bramando como bestias, porque al parecer estaban curados y drogados, desaparecieron de la pobla seguidos por sus guardaespaldas. La parentela llevó al herido hasta el Hospital Sótero del Río, donde falleció a las 19 horas. Tras conocer el deceso, los polis de la 36ª salieron tras los malhechores hasta lograr su captura. Los polis no se tragan el chisme del piropo y creen que el asesinato fue una venganza entre delincuentes.
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