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| 06 de Mayo de 2003 | |||
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Afectado por un cáncer terminal al hígado, quiso estar por última vez junto a su rebaño en Copiapó Obispo Ariztía se despide de esta vida Maguín Carvajal
Junto al actual obispo, monseñor Gaspar Quintana, sacerdotes y diáconos, ofició una misa el pasado domingo, donde con su sencillez habitual, y esta vez sentado, comentó a su rebaño que sufre un cáncer que la ciencia médica no puede curar. "Cuando el doctor me preguntó si mis últimos días los iba a pasar con mi familia, yo le dije que mi familia es la gente de Copiapó". El prelado le dio gracias a Dios por haberle permitido servir en la Región de Atacama durante 26 años, "tiempo en que tuve la suerte de conocer a mucha gente que me ayudó en mi tarea pastoral, a quienes hoy doy las gracias". Representantes de organizaciones pertenecientes a la Iglesia y que fueron fundadas o creadas por él entregaron su testimonio de gratitud y oraron por la salud del sacerdote. Al término de la eucaristía, visiblemente cansado, monseñor Ariztía se despidió de los copiapinos. "Lo hago personalmente porque quiero mucho a esta ciudad, y espero que cuando regrese a quedarme definitivamente se me sepulte en el Cementerio Municipal, porque allí hay cruces que significan que tenemos mucho que hacer por la vida". Gritos de Fernando, amigo, el pueblo está contigo, pañuelos al aire y manos levantadas despidieron al religioso que por más de un cuarto de siglo fue el pastor de la Iglesia en Atacama. Durante su estada en la zona, se transformó en líder de la defensa de los derechos humanos, de los más desposeídos y de los temporeros, en promotor de ayuda para quienes cayeron en las drogas y el guía de numerosas organizaciones. También fue presidente de la Conferencia Episcopal y sus palabras marcaron un camino dentro de la Iglesia chilena. Ayer viajó a Vallenar, hoy estará en la capilla de la Virgen Candelaria y el miércoles se pegará el pique a Diego de Almagro, tras lo cual retornará a la parroquia José Obrero, de Osorno, donde pasará sus últimos días.
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