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| 18 de Mayo de 2003 | |||
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Microempresarias de Curacaví que empezaron de abajo se alistan para exportar a Europa ¡Flor de mujeres chilenas! Abel Fuchslocher L.
En reconocimiento a su labor emprendedora, Sercotec -dependiente del Ministerio de Economía- les entregó 49 millones de pesacotes, con los que pudieron instalarse en el valle curacavino con una hectárea de viveros, tener su propia sede y una salvadora cámara de frío. Con esa ayuda, esperan producir mil varas durante el año y tienen como objetivo que el 80 por ciento se vaya a exportación. Para eso ya tienen avanzadas conversas en países de Centroamérica, Alemania y Holanda. En la ceremonia de inauguración de las nuevas instalaciones hubo harta cueca, a cargo del grupo local Puelmapu, empanadas y discursos. El infaltable intendente metropolitano, Marcelo Trivelli, les dijo a las señoras de las flores que "en unos días más, qué orgullosos nos vamos a sentir cuando, a través de ustedes, el nombre de Curacaví esté en Europa".
"Cómo nos cambia la vida"Pero más allá de nuevas instalaciones y exportaciones, lo que queda es el cambio de vida que las chiquillas han tenido. "Hemos aprendido muchas cosas -dijo Alejandra Figueroa, presidenta-. Seguimos siendo dueñas de casa, pero tenemos conocimiento de administración, contabilidad y comercio. Hemos crecido a pesar que al principio nuestros maridos no nos creyeron, porque las flores para un hombre no tienen ningún sentido, menos comercial".A María Águila, la micro empresa le ha significado seguir viviendo. Así de fuerte, porque la plata que gana con las flores le permiten pagarse la droga que debe tomar de por vida para combatir un cáncer intestinal. "Mi marido es temporero y con su sueldo no podía comprarme mis remedios; por eso, para mí este trabajo es tan importante. También me alcanza para ayudar a mi marido, me siento una persona capaz, realizada y feliz", relató. Otro ejemplo de este cambio en calidad de vida de las integrantes de "Flores Curacaví" es la señora Cecilia Miranda. "Como dueña de casa, una poco puede hacer. Nos hemos esforzado harto, pero ha valido la pena, porque he hecho negocios, he conocido personas. Sé que tengo un futuro mejor. Vivo bien. Imagínese que pasé cinco días en Cartagena de Indias, en Colombia. Eso no lo hubiese podido hacer nunca", confesó. A la señora Cecilia la llena de emoción que su padre, Manuel, se declare su admirador después de no darle ningún valor a la incursión empresarial de su hija. "Llevo 25 años trabajando en la tierra -señaló don Mañungo- y, como a mí me criaron, no confiaba en la mujer, pero ahora digo que mi hija trabaja mucho mejor que cualquiera, es muy ordenada y he aprendido con ella".
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