En 1973, Jaime Orpis cursaba tercero medio. Pasaron los años y se fue a estudiar Derecho, primero en Temuco y luego a Santiago, a la Universidad Católica, donde conoció al líder del naciente gremialismo, Jaime Guzmán, quien "fue el que más trabajó de nosotros por los derechos humanos".
Cuenta que en esos años supo lo que todo el mundo escuchaba, que había excesos. Pero asegura que no sólo a partir del 11 de septiembre de 1973 comenzaron a conocerse situaciones de violencia en el país.
Recuerda a Gilberto Guzmán, primo suyo que por defender su fundo Santa Blanca, en la Sexta Región, "fue asesinado por un grupo terrorista".
Ahora es uno de las principales caras de su partido en esta nueva etapa de búsqueda y proposiciones en el tema de los derechos humanos, ya que a él se acercaron familiares de las víctimas de violaciones a los derechos humanos. El senador por la Primera Región habló del delicado tema con La Cuarta:
- ¿Cómo nace este nuevo impulso para buscar una solución a estos casos?
- Ellos se acercaron, los familiares de Pisagua y luego se han ido sumando más personas de Arica a la Décima Región. He recibido muchos llamados, hemos sostenido reuniones, donde nosotros les damos a conocer la propuesta y se les explica. Creo que en esto está también el tema del abandono en que se encontraban, habían ido al gobierno y la Concertación, pero no habían obtenido respuestas concretas. Por eso creo sinceramente que podemos aportar mucho.
- ¿Hay una propuesta concreta o la UDI es sólo un medio a través del cual los familiares van a hacer llegar sus planteamientos, tal como dijo Pablo Longueira?
- Hay una propuesta concreta, que primero trata el tema de la verdad, de los hechos que ocurrieron. Luego la reparación. Un elemento importante será también el de la sanación, con micromesas de diálogos, donde los familiares nos han pedido poder tener frente a ellos a quienes cometieron los abusos para que como en el caso de la familia Sampson, cuyo padre trabajaba en la municipalidad de Iquique, logren recuperar la dignidad, que sería el otro punto. O sea, ellos quieren que les digan que su familiar murió no por ser mal funcionario, sino que a causa de la lucha y la violencia de esos años en el país.
- La gran crítica es que se piensa que con esto la UDI busca cerrar procesos a cambio de reparaciones económicas.
- ¡Para nada! No es punto final. Individualmente, se propondrán diversas fórmulas, pero aquí no hay dinero a cambio del cierre de los procesos. Lo que ha ocurrido es que se ha descalificado antes de que se conozcan las cosas. Siento que hay una viabilidad para la reconciliación, porque aquí se ha formado un grupo que no está por el odio y que lo único que busca es cerrar su duelo y quieren avanzar en la reconciliación, es gente sencilla, que quiere dar el paso, ese es el mensaje para el país, dar un paso adelante.
- Dentro de ese paso adelante, se exige a la UDI el perdón.
- Creo que el gran problema está en poner condiciones a la reconciliación. La Mesa de Diálogo significó un gran avance que nos representó a todos, donde la verdad se conoció.
- ¿Está dispuesto a pedir perdón?
- Yo ya lo he hecho, a comienzos de los '90 asumí el perdón. Me acuerdo que una vez cuando fue una comisión de la Cámara de Diputados a hablar con familiares de víctimas, junto a un diputado de mi partido, fuimos rechazados, pero la entonces presidenta María Maluenda les dijo que todos éramos parte de lo mismo, por lo que debíamos quedarnos. Yo personal y públicamente he asumido la idea del perdón, pero no se puede colocar como obstáculo para seguir avanzando en la reconciliación.
- ¿Por qué cree que retomar ahora este tema será diferente?
- Porque pienso que en esto hay dos opciones. La primera es simplemente no avanzar, que los familiares de todas las víctimas fallezcan. Si eso ocurriera, a mi juicio sería quedar con una gran deuda hacia las generaciones futuras. Hay que tener el coraje para cerrar este capítulo, sin temor a equivocarse.