Cinco años en Chile, los últimos tres a cargo de los sex shops "Amsterdam" en todo el país, salas de cine porno y la producción de varias películas triple X, dan al empresario holandés Henk Nojholt, de 44 años, la autoridad para analizar el comportamiento sexual de los chilenos. "Son calientes, pero están llenos de vergüenza", es su lapidario diagnóstico.
El gurú de los sex shops tiene locales llenos de consoladores, vibradores, muñecas inflables, bombas agrandadoras, cadenas y un cuantuay, en Iquique, Antofagasta, Copiapó, La Serena, Valparaíso, y Santiago.
Además, en la onda distribuidora, abastece al 80 por ciento de los locales del rubro del terruño, que hacen hervir a la gallada desde Arica hasta Punta Arenas.
Conocedor de Amsterdam y su Barrio Rojo, como potencia en el mundo del comercio sexual, ha tratado de implantar ese espíritu liberal en Chilito, pero le ha costado un parto.
Chilenos apocados
Varias piedras le han salido en el camino. La timidez del chileno le impide vender todo lo que quisiera en persona y ya tiene clausurada la sala de cine que abrió, el año pasado, con un socio en el centro de la capital.
Entre penes cototos de látex, muñecas que succionan y películas cargadas a los quejidos, Henk Nojholt contó a La Cuarta la tremenda diferencia entre Holanda y esta copia cartucha del Edén, y su confianza en que en poco tiempo podamos expandir la mente en lo que a sexo se refiere.
- ¿Cuál es la diferencia entre Amsterdam y Santiago?
- Muchas, oj, oj oj. Pero en este negocio allá se ve el sexo como muy natural, sin maldad, sin vergüenza. La gente va a los sex shops sin problemas; son un negocio más. Imagínate que en la mitad de las casas de Holanda hay un consolador...
- ¡Uy!... Deben cortarla a cincel por allá.
- Claro que es un buen negocio, pero no sólo en Holanda, sino en todo el mundo. ¡Si el sexo lo hacen todas las personas! Es un buen negocio, pero hay que adaptarlos a las distintas culturas.
Machismo total
- Y en Chile, ¿lo ha podido acomodar sin problemas?
- Difícil, porque acá falta mentalidad de sexo. La gente tiene mucha vergüenza y, lo que me ha llamado la atención, es que no existe respeto por la mujer. Acá el hombre es muy macho, él no más quiere sentir, él no más quiere comprar juguetes sexuales, ¿y la mujer? Parece que no tuvieran derecho. Hay que respetar a las mujeres. Falta cultura porno.
- Pero acá igual vivimos pensando en la cochinada... Sin ir más lejos, yo ahora estaba pasándome películas con la mansa negra de ese póster. ¡Mmmfffmmm!
- Sí. Se puede decir que el chileno es caliente, pero está lleno de vergüenza, creo que debido a la educación católica y algunas cosas políticas. Hay que ver los moteles: Nunca había visto un país con tantos moteles, y eso es porque les gusta mucho hacerlo, pero lo hacen a escondidas. Es el doble estándar. Como cuando yo quiero ir a un diario y me dicen "usted puede publicar eso, pero así chiquitito, no grande". Si fueran derechos, me dirían usted no puede publicar...
Interesados, pero piolas
- Y esa timidez, ¿le ha repercutido en su negocio? Me imagino que llegaría más gente a sus locales, si fuéramos más lanzados a la vida.
- Sí, claro. La gente está muy interesada, llama, pregunta, pero no le gusta mostrarse. Yo tengo que vivir pensando nuevas formas para solucionar eso. Por ejemplo, tuve que hacer catálogos para mandarlos a las casas y que la gente encargue para después mandarle las cosas por correo certificado. Así se quedan más tranquilos, parece.
"Esto es increíble"
Hace un par de semanas fue clausurado el Multicine Triple X, propiedad del holandés y su socio chileno. Ubicado en la Galería Emperador del centro de Santiago, fue víctima de una verdadera guerra santa de la propietaria de un hotel cercano, que empezó con sacarles fotos a los clientes para molestarlos y terminó con la clausura a punta de resquicios legales.
Aunque el empresario está tranquilo, confiando en la justicia, dice que cosas como ésta sólo pueden pasar acá.
- Me parece increíble, la verdad es que no lo podía creer, pero estas cosas son posibles en un país como éste, donde gente con un contacto logra hacer estas cosas. Es muy malo, porque cualquier negocio le hace bien a la economía del país. Por eso es difícil de entender.
- ¿Se ha encontrado con otros pechoños que quieran boicotear sus locales?
- No, por suerte son pocas las personas que piensan así. Yo creo que esa señora nos faltó el respeto. Una sociedad se debe basar en el respeto. Yo nunca voy a poner un sex shop al lado de una iglesia, por respeto. Por eso exijo lo mismo para mí.
- ¿Qué otros atados ha tenido por dedicarse a la cosa sexual?
- Problemas que se producen porque este país no está preparado, como que acá las películas ilegales estén por todos lados y nadie hace nada. El Ministerio de Educación me cobra 150 mil por calificar una película de sexo. Bueno, yo pago, pero ¿por qué los otros no pagan? La fiscalización es muy débil.
- Si así es la cosa, se ve difícil que algún día llegue el destape y la cosa sea relajada, como en Europa.
- No lo creo. En estos pocos años hemos visto avances. Antes, todos los que venían eran hombres; ahora la mitad son hombres y la otra mitad, mujeres y parejas. Eso me hace pensar que en unos cinco años la cosa puede cambiar y la gente va a jugar más con el sexo, disfrutar sin vergüenza. Pero tengo mis dudas...