23 de Junio de 2003
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Ex volante de Palestino, alega inocencia en tráfico de drogas
Roberto Avalos: "Mi lugar es una cancha de fútbol"
Alejandro Villegas Cortés

El jugador Roberto Avalos jura que es inocente de un supuesto tráfico de drogas. En la cárcel de San Miguel contó su drama al diario pop.

(Foto: Juan Carlos Cáceres)

Un cachañero del barrio
Roberto Avalos no tenía pensado ser futbolista. Sin embargo, recuerda que como "era el típico cabro bueno pa' la pelota", no pasó mucho tiempo en que su nombre empezó a ser conocido en San Ramón, donde subraya que "salen muchos de los grandes jugadores", y por eso no fue raro que en uno de los tantos torneos que jugó, como el famoso "Nocturno" de su comuna, los ojos de uno de los tantos cazatalentos se fijaran en él.

"Con 17 años, el 'profe' Julio Suazo me llevó a Palestino y en cinco meses ya me habían subido al primer equipo", prosigue el volante, que registra al menos 20 actuaciones en el plantel de honor tricolor, bajo el mando de Jorge Aravena y Ricardo Dabrowski, entre otros.

"De la noche a la mañana me di cuenta que el fútbol era lo mío", relata el "Pelao", que logró sacar el cuarto medio, pero que decidió ganarse el sustento en las canchas.

Luego de su detención en noviembre del 2001, Avalos pasó 16 días en la penitenciaría de San Miguel, después quedó libre por falta de méritos y los árabes decidieron mandarlo a préstamo a San Luis de Quillota.

"Allá llegué a ser capitán del equipo, algo raro para quien no es de la zona, y creí que todo esto no había pasado de ser un mal entendido", cuenta. Sin embargo, el proceso continuó y más tarde volvió a ser arrestado, por lo que pasó un mes y medio detenido en Quillota, luego en la Penitenciaría de Santiago y, finalmente, en la cárcel de San Miguel, donde ha pasado los últimos 6 meses esperando condena.

Justamente hoy la situación de Roberto volverá a ser evaluada en el 7° Juzgado del Crimen de San Miguel y el volante confía en que su abogado Mario Castillo conseguirá que, al menos, le sea concedida la libertad bajo fianza, en pos de su irreprochable conducta anterior.

A primera vista, Roberto Avalos Pino luce igual que siempre. Como si fuese cualquier día al finalizar la práctica de Palestino, el "Pelao", como le decían desde la época en que el "profe" Julio Suazo descubrió sus enganches y fintas en la población San Ramón, camina envuelto en un buzo, con la cabeza cubierta por un mínimo de pelo rubio, el anillo de matrimonio que hace años selló su vínculo con Angela Lobos y con ese olor a limpio que suelen tener los futbolistas casi por vocación.

Pero sus ojos brillosos, casi al filo de las lágrimas contenidas por el encierro, alertan de lo inevitable y en un dos por tres lo hacen aterrizar a la cruda realidad. En esta entrevista no se siente el olor a pasto del Municipal de La Cisterna que lo cobijó desde que tenía 17 años, y Avalos, por más que día a día se trate de convencer que todo esto no es más que una pesadilla de la que no ha podido despertar los últimos 18 meses, enfrenta a La Cuarta desde su casa actual, por supuesto, una que no escogió: La cárcel.

Detenido y procesado por tráfico de drogas, el ex volante árabe hoy vuelve a enfrentar las grabadoras. Sabe que el escenario es distinto y su voz quebrada no deja espacio a la duda. Pero aunque ha pasado el tiempo y asume que las rejas lo han "sicoceado" (así le llaman al enloquecimiento en la cana), como a cualquiera que va enfermándose por el encierro, la esperanza de un futuro mejor, libre, junto a sus dos hijas y otra vez en los estadios, lo anima a sacar fuerzas y luchar porque esto no pase de ser un mal capítulo en su corta vida que sólo ha recorrido 23 años.

"Soy inocente", se apura en aclarar y así empieza el repaso de su tragedia, que comenzó "el lunes 12 de noviembre del 2001 y que jamás olvidaré" y que la prensa más tarde retrató como una redada más del OS 7, donde Avalos fue aprehendido junto a otras cuatro personas por el tráfico de cerca de 2 kilos de cocaína. Prepárese, entonces, para conocer su testimonio dictado al diario pop en la Penitenciaría de San Miguel, en medio de la frialdad de paredes que conocen de desgracias, culpas y arrepentimientos. Una historia, en el fondo, que aunque parezca lejana al común de los mortales, a veces pareciera que está más cerca de lo que nadie se imaginaría.


- ¿Cómo fue que llegó a la cárcel, Roberto?

"La verdad es que me lo pregunto y aún no encuentro la respuesta. El lunes 12 de noviembre del 2001 fui a ver a un primo que cumplía un año de fallecido al Cementerio Metropolitano. Al salir del camposanto, me paré en el Cristo que está afuera, en la Panamericana, y de pronto la policía me detuvo junto a otras cuatro personas, que obviamente andaban en un tráfico de drogas".


- ¿Conocía a esa gente?

"Para nada. Mi error fue haber estado el día y a la hora equivocada en un momento dado".


- ¿Se siente arrepentido de haber ido al cementerio ese día?

"La verdad es que no. Mi primo (José Darío Fernández Avalos) era muy cercano a mí, se había suicidado hacía justo un año y un día, y yo todas las semanas lo iba a visitar, muchas veces incluso junto a compañeros de Palestino. Ahora sé que tal vez no debería haber estado ahí en ese momento, pero como no andaba haciendo nada malo, no me puedo arrepentir".


- ¿La droga era algo ajeno para usted?

"A ver, yo nací y me crié en la población San Ramón y allí, como todos, durante toda mi vida vi cabros fumándose un pito. Pero nada más. Lo mío fue siempre el fútbol y obvio que por lo mismo las drogas no iban conmigo".


- ¿Cómo es entonces que aún está detenido por algo que según usted no cometió?

"No lo sé. Con el tiempo me he convencido que son pruebas que pone Dios en la vida de la gente. No soy de los que piensan que el Señor castiga, así que yo lo veo como una cruz que me cayó del cielo por algo, tal vez una cosa mala que hice y ahora me está tocando pagarla de esta manera".


- ¿Cree que su carrera de futbolista se acabó con lo sucedido?

"Al contrario. Gracias a Dios, porque soy un eterno agradecido de El, tengo la certeza de que al salir de aquí volveré a lo único que sé hacer, que es jugar a la pelota. Hasta ahora he tenido el apoyo de mis compañeros de Palestino, que me han venido a ver a la cárcel e incluso han jugado partidos acá, y del "profe" Daniel Salvador, quien me prometió que apenas se acabe esta pesadilla me estará esperando".


- ¿Por qué está tan seguro que así será?

"Porque ellos saben que soy inocente y lo único que deseo es que la Justicia esclarezca que nunca tuve que ver en todo esto. De hecho, acá paso entrenando para cuando llegue el momento en que esta pesadilla acabe. Juego con los funcionarios, como digo, han venido mis compañeros para darme ánimo, e incluso Gendarmería, que me ha tratado un siete, permitió que entráramos una máquina para hacer ejercicios y así cuido la línea. Yo sé que más tarde que temprano volverá todo a la normalidad".


- ¿Pero se ha puesto en el otro escenario? ¿Tal vez pase aquí más tiempo del que cree?

"Trato de no imaginarlo, pero lo sé. Y si así fuera, si Dios así lo quiere, no voy a bajar los brazos. En todo caso si eso sucede, le dije a mi compañero Jaime Rubilar que averiguara cómo lo puedo hacer para seguir desde acá los cursos del INAF (Instituto Nacional del Fútbol). Es que sabe, mi viejo tiene su pequeña empresa y me gustaría estudiar administración para ayudarlo por todo lo que me ha dado en este tiempo, donde sé que por mí ha sufrido mucha gente".


- ¿No teme a que después lo apunten con el dedo?

"No. Yo sólo le tengo que responder a mi familia, mis compañeros y los que han creído en mí. La gente siempre habla y no lo va a dejar de hacer. Pero sé que no hice nada y que Dios no puede permitir que todo sea tan malo".


- ¿Cómo se imagina el momento cuando salga de la cárcel?

"Uff. Lo pienso todos los días, aunque repito que acá Gendarmería me ha ayudado a que sea menos duro el encierro. Creo que lo primero que haré será abrazar a mis niñas (Francisca y Dalí), darle un gran beso a mi señora y dar vuelta la página de inmediato. Lo que más quiero es verme otra vez en una cancha, creo que al otro día que salga iré altiro a La Cisterna, y después empezaré mi vida de nuevo. Como te digo, el Señor pone pruebas a la gente, a mí me tocó ésta, pero yo ya aprendí a no bajar los brazos, porque, insisto, nada puede ser tan malo en la vida".


 
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