- Coleguitas de La Cuarta, les habla Cristián Bruna desde Calama. ¿Se acuerdan de este pechito?
- ¡Brunita, gran colega! ¿Cómo anda la vida por esas alturas?
- Súper bien, lejos del mundanal ruido, del smog y del estrés. Claro que nunca falta el pero para que todo salga a pedir de boca.
- Cuente con confianza, no más.
- Sucede que compré una cámara digital Sony en Falabella, la que falló al poco tiempo. La envié al servicio técnico autorizado Intrum, cuyo dueño se llama Marcelo Bucarey, quien resultó ser un grosero, matón y desubicado.
- ¿Tanto así?
- Yo soy súper objetivo para mis cosas. De partida, pasaron como dos meses desde que llevé mi cámara y hasta ayer no me la entregaban. Supe que la mandaron a Santiago y que llegó de vuelta el jueves. Llamé a Intrum para recuperarla a la brevedad, porque la compré para usarla, y me respondió una secretaria de bastante mala forma. Después vino lo increíbe. No pasaron cinco minutos cuando recibo un amenazador llamado de Bucarey. Partió diciéndome que era karateca, cinturón de no sé qué color, que medía más de un metro ochenta y que si seguía revolviéndola con el asunto me iba a sacar la cresta.
- ¡Chuatas! ¿Y usted qué hizo?
- Llamé de inmediato a la Sony en Santiago para informar la actitud de este tipo, porque no se puede tratar así a los clientes. Además, yo estoy pagando el servicio. Y como sea, nada le da derecho a ese señor para amenazar con golpes a nadie. ¿No les parece?
- ¡Totalmente de acordeón! Estamos con usted, Brunita, y tranquilo, mire que la violencia siempre ha sido el peor de los caminos.