Cada vez que llega a nuestro terruño un gringo de los Estados Juntos o de las Uropas, gran parte de la barra se pone contenta y le arma la tremenda fiestoca al extranjero. Sin embargo, cuando se trata de un negrito, chinito o latino, las cosas cambian y el afuerino es visto con malos ojos.
Por lo mismo, y como en todo el mundo ayer entró en vigencia la Convención Internacional de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Inmigrantes, los obispos de la Conferencia Episcopal pidieron al Gobierno ratificar el famoso tratado, que en nuestro caso todavía se encuentra en trámite parlamentario.
Al respecto, el guaripola del Area Pastoral de la instancia religiosa, monseñor Enrique Troncoso, dijo estar contento por la entrada en vigencia de la pomada porque favorecerá a ene personas de todo el mundo, "sobre todo porque los protegerá en sus derechos humanos".
En tanto, el encargado de la Organización Internacional de las Migraciones para Chile, Pedro Hernández, agregó que en la actualidad hay más de 175 millones de personas que viven en países diferentes al de su nacimiento, donde la explotación y la discriminación son cosas de todos los días.
La Convención provee de protección a todos los migrantes, indocumentados o legales, pues si bien reconoce en ellos entidades económicas, los ve ante todo como "seres humanos con derechos".