18 de Agosto de 2003
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Deportistas salvaron los Juegos Panamericanos
Eric López, la figura y Ríos, la decepción

El gimnasta cubano Eric López fue la figura descollante de los Panamericanos al sumar seis preseas de orégano. Un ejemplo (Foto: Reuters)
SANTO DOMINGO, 17 (EFE).- Los "17 días de Santo Domingo" comenzaron siendo una película de intriga, se convirtió luego en un argumento de gloria, tensión y nervios una vez comenzada de lleno la competición y terminó casi con una cartelera de amor.

Después de repartir 1.084 medallas, Santo Domingo entregó hoy (ayer) la antorcha de los Panamericanos a Río de Janeiro y atrás quedaron los problemas organizativos, fruto en muchos casos de la improvisación y en otros del agotado presupuesto, atenuados por las glorias de los que se colgaron una presea y las penas de quienes lucharon, pero no lo consiguieron entre los 5.325 atletas presentes.

Los Juegos merecen la valoración de "buenos", en palabras a EFE del presidente de la Organización Deportiva Panamericana (ODEPA), el mexicano Mario Vázquez Raña, alejado del optimismo sin fisuras del presidente del Comité Organizador local (COPAN), José Joaquín Puello, que no dudó en calificarlos "de 10 sobre 10".

Considerado desde el punto de vista estrictamente deportivo, el equipo dominicano sacó efectivamente un "10 sobre 10" al lograr su mejor balance panamericano histórico, octavo en el medallero, con 10 oros, 12 platas y 19 bronces.

El cierre de la actuación dominicana no pudo ser mejor: el triunfo de la selección femenina de voleibol sobre Cuba, la segunda vez que las "chicas de oro" derrotan a las antillanas en una competición oficial, fue celebrado por el país como el brillante colofón de una sensacional actuación.

Hubo fallos, los periodistas trabajaron a veces en condiciones difíciles, los árbitros de algunas competiciones amenazaron con el boicot por retrasos en el pago y la seguridad se excedió en algunas ocasiones, pero también contaron el enorme esfuerzo del país, el derroche de ganas de ayudar de los voluntarios y la ausencia de incidentes graves.

Estados Unidos ratificó su condición de máxima potencia deportiva del continente, con 116 oros, pero Latinoamérica levantó su orgullo y se quitó los complejos de encima en pruebas que parecían una exclusiva del gigante del Norte.

El dominicano Félix Santos llevó el delirio a las gradas de atletismo con su victoria en los 400 metros vallas y el bronce en relevos 4x400 y la mexicana Ana Guevara exhibió su fama de ganadora.

Quizá los bronces de la nadadora guatemalteca Gisela Morales en las pruebas de 100 y 200 metros espalda ilustran el cambio que se está produciendo en Latinoamérica.

Y a lo más alto subió el nadador venezolano Ricardo Monasterio, inesperado monarca del fondo panamericano, con oros en 400 y 1.500, y la argentina Georgina Bardach, con el título de 400 metros estilos, para reivindicar la "hora latinoamericana" que reclama Gisela Morales.

Serán "reyes" hasta Río de Janeiro, como el gimnasta cubano Eric López, que sumó seis oros, o los "siete magníficos" de Colombia en halterofilia, el argentino Javier Correa, proclamado el mejor palista de la década en K-1, o el atacante y capitán de la selección venezolana de voleibol, Ernaldo Gómez, que lideró a su equipo a su primer título panamericano con el triunfo sobre Cuba.

Si "Súper" Félix fue la imagen del éxito de los Juegos, la fotografía de la pena puede corresponder perfectamente a la debutante mexicana Alejandra Gómez que lloró desconsolada tras quedar eliminada en la ronda de clasificación de los 10 metros de rifle comprimido.

Gómez, de 18 años, tuvo un día "horrible", pero, sacando fuerzas de flaqueza, aseguró que seguirá luchando "para dar lo máximo" para su país. Es la grandeza del deporte: de la derrota se extraen energías para pelear de nuevo por el triunfo.

También fue sonada la decepción del tenista Marcelo Ríos. El ex número uno del mundo sólo quería el oro y se marchó con una decepcionante plata.

El dopaje volvió a enturbiar las aguas del deporte panamericano, con cinco positivos, el peor para Vázquez Raña el del remero argentino Ulf Lienhard. Fue por cocaína. Como el del Javier Sotomayor en Winnipeg'99.

Se acabaron los "17 días de Santo Domingo". El futuro dirá si valió la pena invertir tanto -la prensa local habló de 165 millones de dólares- para difundir el nombre y los logros deportivos de República Dominicana por el mundo.


 
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