20 de Septiembre de 2003
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Se la pusieron en la misma farmacia donde fue vendida sin la respectiva receta médica
Viuda denuncia que una inyección julera causó muerte de su esposo

Esperando una explicación satisfactoria de la farmacia que vendió un remedio por el cual debe exigirse prescripción médica, y que además fue inyectado en la propia clínica del establecimiento comercial, se encuentra María Méndez Thompson. Según ella, su esposo, Rafael Varela Salguero, fue víctima de lo que califica como acción negligente. "La inyección, mal colocada en su glúteo izquierdo el año pasado, le provocó un absceso que luego se infectó y lo llevó a la muerte", acusa la viuda.

Recuerda que el compañero de toda su vida, de profesión contador, se trasladó a Arica para instalar allá una oficina. "Él tenía un problema hepático, era hipertenso y diabético, sin embargo, se mantenía bien. Un día amaneció con un fuerte dolor a la cintura y se dirigió a la farmacia Ahumada de la ciudad. Pidió Merpal, producto que debe ser entregado con receta médica, y se lo vendieron. Luego se lo inyectaron en la propia clínica de la farmacia, sin siquiera preguntarle si tenía algún impedimento como lo eran su hipertensión y las otras dos circunstancias médicas", relata María Méndez.

La inyección no logró detener el dolor. Fue peor. A los pocos días tenía inflamado el glúteo izquierdo y se le desató una infección. "A fines de septiembre tuvo que ser operado de urgencia en la Clínica Plus de Arica. Allí se me señaló que el absceso fue por una inyección mal colocada. Luego se le trasladó al Hospital Juan Noé, donde falleció el 28 de octubre", recuerda la señora.

Como una hormiga, inició una investigación para establecer qué había pasado. Así descubrió la venta del Merpal sin receta y la colocación de la inyeccción en la misma farmacia. "Tengo la boleta correspondiente. Como mi esposo era contador, guardaba todo lo que tenía que ver con plata", dice María.

Con todos esos antecedentes, pidió una entrevista con los ejecutivos de la farmacia con el fin de lograr una explicación frente a lo ocurrido. "Fui mal atendida primero por una funcionaria y posteriormente me entrevisté con el fiscal. El veredicto fue que ellos no tenían responsabilidad en lo ocurrido. No obstante, se comprometieron a enviarme la resolución por escrito, cosa que hasta ahora no ha ocurrido", señala.

El 28 de enero del año en curso envió una carta al entonces ministro de Salud, Osvaldo Artaza, explicando la situación. La respuesta la recibió el 23 de junio, firmada por Alfredo Montecinos, jefe de gabinete del ex secretario de Estado. Allí, en lo medular, le señalan que "se puede concluir con certeza" que la defunción de su esposo se debió a factores directos causados por las enfermedades que tenía, y no como consecuencia del absceso provocado por la inyección.

Para la viuda, la investigación no ha sido exhautiva. "Tengo claro que sin el episodio de la inyeccción, mi esposo estaría con vida. Quiero que se aclare bien el hecho, porque si hay negligencia se debe indemnizar a la familia por los gastos que todo ello demandó. En caso contrario, podremos quedarnos con la tranquilidad de que así lo quiso el destino".


 
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