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| 22 de Septiembre de 2003 | |||
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El DT del Campanil analiza a su equipo y entrega su receta para el éxito Fernando Díaz, el "Van Gaal" chileno
Y es que el holandés que se hizo famoso con el Barcelona de los noventa pregonaba el fútbol ofensivo, el mismo al que los del Campanil acostumbraron a su creciente hinchada y que obliga a sus rivales a colgarse del travesaño cuando los enfrentan. Díaz rehúye asociaciones y comparaciones. "Soy Fernando, no "patricio", pero si el concepto apunta a una escuela de educación, de planificación y de seriedad, me parece muy bien. Mi visión del fútbol apunta hacia el buen trato de balón, la técnica y el talento, acompañado de mucha dinámica y entrega. Partimos con una línea de cuatro, pero los laterales se suman al ataque. Lo mismo pasa con los volantes defensivos, que para mí son de salida. Hay libertad para tirar paredes y llegar al arco rival, pero cada uno tiene sus responsabilidades específicas. Pero no creo en apodos ni para los técnico ni para los equipos 'galácticos' o de cualquier otra especie".
"Todos tenemos esperanzas y sueños. En el grupo de jugadores existía la aspiración de muchos de ellos de volver a estar en el primer plano o de proyectarse los más jóvenes. El inicio fue complicado, pero los jugadores siempre confiaron en que el trabajo nos daría resultados. Quedan siete partidos para determinar si la campaña es 'excelente' o nos quedamos en una buena campaña, nada más".
"Creo mucho en la programación y en la planificación y sabíamos que, al conformar un equipo nuevo, teníamos que darle un período básico que incluía los primeros equipos del Campeonato, para poner individualmente a cada jugador y después aspirar a un funcionamiento defensivo y ofensivo óptimo. Eso no es fácil, pero los tiempos se adelantaron".
"Los entrenadores debemos manejar todas las variables. Tener muchos conocimientos y cursos, porque todos los días están apareciendo conceptos nuevos. La educación no asegura el éxito, pero ayuda. La visión de cada técnico varía. A mí me gustan los equipos que tengan buenos jugadores de fútbol, porque eso facilita la llegada al arco rival".
"No podría decir si es una diferencia con los demás, sino que es lo que creo que se debe realizar. Mientras más elementos tenga para lograr resultados, debo ocuparlos todos. Los clubes grandes tienen equipos multidisciplinarios, que ojalá los tuvieran todos. Pero la clave es planificación, programación y conocimientos".
"La 'U' es un equipo prácticamente nuevo, por lo que la experiencia es fundamental. Las ganas de proyectarse están y la Universidad debería acercarse más aún al club, porque, con la actual campaña, somos sus mejores embajadores, y poner a sus profesionales a disposición del club. Vamos en camino, pero hay proyecciones para mejorar las divisiones inferiores, tener campos deportivos propios y convertirnos en el principal club de la zona".
"El crecimiento del club debe ser independiente de las personas. Este año, producto de la campaña, se han acercado auspiciadores y ello ha facilitado el crecimiento institucional. Tengo contrato hasta fin de año y mi preocupación es terminar bien el campeonato y después proyectar el próximo".
"Me gusta planificar 'partido a partido" y, por el momento, me veo tratando de ganar el próximo encuentro, que es ante Universidad Católica".
También le ganó a la muerteSi los triunfos que suma con la oncena del Campanil en el chope son relevantes, sin duda que la victoria más importante de su vida comenzó a tejerse el jueves 23 de marzo del 2000, cuando un serio accidente automovilístico estuvo a punto de mandarlo al patio de los callados."A esa situación se le da mucho 'color' y ya no me gusta hablar mucho de eso. Pero fue en la temporada en que estaba en Liga Deportiva Universitaria de Quito y fuimos bicampeones con Manuel Pellegrini. Iba a un entrenamiento en un día de lluvia, perdí el control del vehículo en una curva e impacté tres árboles en mi camioneta. Estuve 25 días en el Hospital Adventista de Quito con tres fracturas craneanas. Durante mis tres meses mi cara estuvo desfigurada, aunque afortunadamente no me quedaron secuelas, que era lo más lógico por la magnitud del accidente".
"Fue una experiencia fuerte, porque estaba junto con mi familia, pero en otro país. La frase es muy manida, pero me cambió la vida. Lo más complicado fue que durante veinte días no me dejaron ver a mis hijos, por lo desfigurado que tenía el rostro. Después de eso, todos los problemas son menores".
"En ese momento hay mucha gente que ve ciertas cosas. Inmediatamente después del choque -en que venía sin cinturón de seguridad- pensé que "no seguía". Pero no quiero darle muchas vueltas al asunto. La principal lección que me quedó es la valoración de la familia: Mi esposa Claudia, mi hija Francisca Paz, de nueve años, y mi hijo Cristóbal Fernando, de cinco".
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