Jaguarlandia está tirando p'arriba, según los cerebros que manejan la hacienda pública, pero después de largos años en que la economía ha estado cacho paragua, tiempo en que muchas madres y esposas han apechugado parando la olla con novedosas soluciones, mientras sus maridos buscaban pega.
En sus propias ranchas inventaban negocitos, como lo hizo María Elena Arriagada, de 59 años, quien hace 18 temporadas craneó la venta de ensaladas a sus vecinos, en la pobla Digna Rosa, en Cerro Navia, mientras su esposo carpintero esculpía piedras. Luego se extendió a oficinas y tiendas, que le hacen pedidos, especialmente cuando hay festividades, como el "18" y próximamente Pascua y Año Nuevo.
Recuerda que su esposo, no ha tenido buena suerte, bailando con la cesantía permanentemente, mientras ella, con la venta de comida, ha logrado sacar adelante la educación de sus cinco hijos.
Ella participó junto a un centenar de pequeñas empresarias en un seminario auspiciado por la Cámara de Diputados, donde se analizaron los pros y contras de la actividad.
El caporal del Comercio Detallista y de la Conapyme, Rafael Cumsille, aplaudió el carácter emprendedor de muchos chilenos que, al verse con las manos en los bolsillos, arriesgaron empeño y corazón para salir a flote, y que la mayoría sean mujeres (60 %).