02 de Enero de 2004
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Plazas, calles y mercados se llenaron de enfiestados hablando en francés y cargando la tremenda mona
Medio Chile con caracho de juguete
Ricardo Manzur

Esta tailandesa primera vez que viene a nuestro país y le hizo rechupete a los picorocos nacionales. "¡Nunca había visto unos tan grandes!", aseguró.

(Foto: Ariel Morales)

Este grupo de amigos del alma remató la farra en uno de los locales del Mercado Central. Llegaron y se fueron hablando en puras consonantes.

(Foto: Ariel Morales)

Los malulos se aprovecharon del estado de bulto en que se encontraba este compadre y lo dejaron descalzo en plena vía pública. No hay ni un respeto con la caña ajena.

(Foto: Ariel Morales)

Con caracho de juguete amaneció ayer media barra chilena. Tras el pulento festejo con pavito y carne a la parrilla, abrazos, zangoloteo y copeteo a destajo de champaña, cola de mono y tintán, los fieles jaraneros de Año Nuevo extendieron la jornada bebestible hasta que cantaron los pajarracos en la mañana.

Pericos ojerosos, encañados, durmiendo la mona o, simplemente, arrastrándose como cuncunas para llegar a su palacete y recibir un uslerazo en plena mollera, fueron las escenas que más se vieron a lo largo y ancho de Jaguarlandia.

En Santiago, por ejemplo, tirados como puchos en pleno Parque Forestal, La Cuarta, la abstemia, encontró a un sinnúmero de representantes de las lides etílicas que, caradura, estaban roncando, regados en el césped o simplemente empinando el codo hasta quedar con calambres.

Historias etílicas

Claudio Gutiérrez, de 28 pepas, ni se arrugó para contar que, tras los abrazos, casi se tomó hasta un frasco de bencina blanca en la casa de su media naranja "Con este botellón estoy pasando las penas, hermanito. Es que no sabe lo que me ocurrió anoche. Estaba todo de miedo, métale jarana, bailoteo y copete, hasta que se me apagó la tele. Cuando desperté, mi polola me dijo que me había tirado al dulce con medio mundo. Es bien raro, porque siempre chupo y chupo y nunca me pasa na'. Ahora juro por el Pulento que no tomo más"... ¡Saaa!.

Menos dramática es la historia de Fernando Caro, de 24 pepas, quien aprovechó de pegarse una pestañada en el bandejón central de la Alameda. Amigo íntimo del Dios Baco, cómo estaría de puesteli que ni siquiera sabía qué estaba celebrando.

"Fui a una fiestoca, bailé como enajenado y hasta conocí a una pierna que estaba para relinchar de gustito. Lo único malo es que se terminaron las fiestas patrias y falta caleta pa'l Año Nuevo", contó el despistado garganta de lata.

Mercado Central

Como ya es tradicional, el Mercado Central se trasformó en el paradero obligatorio y en la botica de turno para los que quisieron quedar como semental tras una ardua noche de zangoloteo.

Apenas el caregallo empezó a mostrar sus primeras plumas, cerca de mil personas se congregaron a zamparse suculentos caldillos de congrio, reponedoras pailas marinas y, los más pirulos, a degustar platos de erizos, ostiones o machas a la parmesana.

"Este año ha sido un poco lento, quizás porque mucha gente se fue de Santiago. Pero hay que destacar que, a diferencia de años pasados, la gente se portó muy bien y no hubo disturbios", aseguró el recepcionista del tradicional restorán Don Augusto, Rodolfo Meléndez Mientras los sociates del alma Iván Palma, Armando González y Enrique Olivares se engullían una cotota paila marina y repetían constantemente "si yo lo quiero, compadrito", agradecieron lo bien que les fue el 2003. "Este año fue pulento, ¡hip!... Tuvimos pega, nuestras señoras no nos pusieron los cuernos y los hijos están sanitos ¿Qué mejol, poh? ¡Hip!", se sinceraron.

Arriba de la esférica, Sergio Palma se cachiporreó hablando en francés que la farra de antenoche no lo había dejado "ni ahí" y por eso remató en el Mercado. " Estoy tan bien que me voy derechito a invocar a mi socio guajardo. Permisito dijo monchito", remachó.


 
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