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| 05 de Enero de 2004 | |||
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Normandie: Trabajadores tienen la camiseta puesta
Con ese mismo objetivo entre ceja y ceja, por las puertas del cine entran y salen a cada rato amigos-colaboradores del cine que ayudan en lo que pueden sin cobrar un peso. Iván Núñez es el que recibe a los cinéfilos. Con una pinta súper parecida a la de Ricardo Montalbán en la serie La Isla de la Fantasía, ha sido por 15 años el acomodador del cine. De hablar elegante, recuerda que "hasta hace tres o cuatro años esto funcionaba bastante bien, teníamos mucho bien. Y eso que costó mucho traer el público desde nuestra sala en la Alameda, ahí era mucho más cómodo para la gente. Lo logramos, pero después la gente volvió a faltar, con las campañas nos hemos recuperado, pero vuelve a bajar". Consultado por el ambiente familiar del cine, dice que "eso se nota porque la gente ve como cada uno de nosotros trabaja por atenderlos bien, por los detalle, por el aseo, las películas y responder sus consultas. Creo que notan que personalmente quiero mucho a este cine, lo amo".
Don Iván y KusturicaEn su pega conoció a grandes realizadores y se hizo fanático de Emir Kusturica. Uno de los momentos más recordados en su pega tiene que ver justamente con el director gitano. Cuando vino a Chile en 2001 hizo una conferencia en el cine. Don Iván no la podía creer, pero más se sorprendió cuando el dire saludó a un grupo de admiradores que llegaron disfrazados y que el acomodador había dejado pasar, de puro buena onda, minutos antes: "Es el momento que más recuerdo, él se mostró muy cercano, muy sencillo, y eso que es un maestro del cine. Fue como mágico, porque los jóvenes le cantaron y bailaron y él al verlos los subió al escenario. Fue hermoso", recuerda.El encargado de proyectar las películas es don Agustín Bustos (56). Hace siete años pasó de poner cintas de Cantinflas a obras de Win Wenders. Un cambio que no lo marea, porque "lo que a me importa es hacer bien mi pega". Manejando con habilidad los tremendos rollos de cinta para ponerlos en las viejas proyectoras Ernemann 2 y Ernemann 4, cuenta que sólo ve las películas una vez, "para revisar que no tengan fallas". "Estas máquinas son súper buenas, están refaccionadas... Antes era más difícil trabajar, porque había que hacer coincidir las funciones de todos los cines por la falta de copias. Las cintas se trasladaban en moto entre uno y otro", se entusiasma. Consultado sobre por qué se embala tanto al manejar la máquina, responde que "acá las panas no pueden durar días ni horas, sólo pueden durar minutos". Paty Cortez, asesora de relaciones públicas del Normandie, asegura que la gran gracia de esa sala es su historia y la marca que ha dejado en los cineastas chilensis."No conozco cineasta de este país que no haya pasado por el Normandie, sobre todo las últimas generaciones. También escritores, políticos, periodistas, gente del mundo social. Eso lo distingue, lo hace trascendente", remachó.
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