|
|
| 12 de Enero de 2004 | |||
|
|||
| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
|
Ni 33 grados bajaron la caña a más de dos mil tortolillos que se besuquearon hasta que les dio hipo ¡Récor mundial de calugazos! Abel Fuchslocher
En el frontis del Museo de Bellas Artes hubo ósculos para todo los gustos: Con lengua, inocentones, con choque de dientes, chupones, piquitos y hasta con agarrones. También llamó la atención la variedad de los participantes, ya que, aunque la mayoría eran de hombre con mujer, también hubo besitos entre machotes, féminas e incluso grupales. Yamka Carmona llegó con su "amiga" Esperanza y antes de que los artistas dieran la orden para agarrarse a patos, ya estaba pegada como lapa. "Para nosotras es una oportunidad para poder besarnos en público, libres, porque siempre hay alguien que te mira como bicho raro. Acá es más natural... muac, chuic...", contó, sin soltar a su media clementina. También llegaron parejas que, pese a la rutina del matrimonio, mantienen vivo el fuego del "amol". Como Carlos Quinteros y Ruth Castañeda. Con 20 años de yugo, decidieron partir al Parque y besuquearse como en sus mejores tiempos. "Es una locura, pero siempre tratamos de hacer cosas distintas", dijo ella. Sus dos hijos no fueron molestia para Teresa León y Johann Gutiérrez. Se agarraron a trompazos con sus retoños en brazos, "por el amor que sentimos entre los dos y como familia", señaló Teresa, la misma que no quiso posar para Tunick, porque " recién había tenido recién a mi guagua y estaba muy sueltecita". La masa besadora, aparte de protagonizar fotos para una futura exposición y una campaña publicitaria, rompió el récord de Guinness de besos colectivos por más de 10 segundos, que hasta ayer lo tenía la ciudad canadiense de Sarnia, con apenas 1.588 pelagatos. "No me importan las marcas. Me sorprende y emociona la cantidad de gente y quiero pensar que vienen a participar en una acción de amor más que de arte u otra cosa", verseó Jordi Castell.
Más que besosConsultado sobre si el manso ni que caregallo perjudicaba a los besadores, el fotógrafo respondió que "no, para nada. El calor calienta y eso es bueno".Y tenía razón, porque la temperatura, el apretujamiento y la música derechamente califa que pusieron por parlantes ayudó a que muchos perdieran la compostura: Dando sofocantes calugazos se vio a compadres que parecían pulpos y señoritas que, por lo que se vio, buscaban algo entre los bolsillos de su Romeo. Poco más allá, una potable promotora de Pepsodent caminaba pegada a la muralla para evitar los agarrones a su cucu, que ya le tenían chata. Eran las 7 de la tarde y estaba todo pasando. Permiso... ¡Chuic, chuic, muac, muac! ¡Mmmfffmmm! |
|