Este charro de Puente Alto interpreta rancheras desde que fue al desaparecido "Festival de la Una", cuando tenía sólo cinco años. De eso ya dos décadas. Desde ahí que no ha parado de cantar en cuanta micro pasa por Vicuña Mackenna, haciéndose conocido entre pasajeros y choferes de la locomoción colectiva.
Luchito partió entonando los sentires cuates por pura necesidad, para apoyar a su taita. Como se dio cuenta que la cosa le gustaba, nunca más paró y aprovechó de lucir su voz de canario entre tacos y tubos de escape.
"A veces estoy descansando en el paradero y los conductores me tocan la bocina para que me suba", cuenta orgulloso. Es que la pinta ayuda, y en esto la producción es fundamental. Juntando peso a peso logró armarse de los trajes y el infaltable sombrero. Incluso luce una flamante hebilla que le regaló el mismísimo productor de Pedro Fernández. (J.C.C)