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| 18 de Enero de 2004 | |||
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Quicaví, cuna de la brujería
Los conquistadores españoles, por su parte, fueron los encargados de hacer el trabajo sucio de intentar acabar con las creencias locales, las que definían como demoníacas y contrarias a la fe católica. Durante la Colonia, por ejemplo, el gobernador Carlos de Beranguer persiguió con antorchas a los brujos y un proceso judicial iniciado en 1880 encarceló a buena parte de ellos bajo duras acusaciones. La localidad de Quicaví, cercana a Quemchi, es conocida hasta la actualidad como el epicentro de la brujería, donde sobreviven los principales ritos y personajes. La Voladora es la servidora principal de los hechiceros. A ella se le encargan "trabajitos" a kilómetros. La leyenda dice que esta mensajera se aliviana vomitando sus intestinos en un lavatorio y se transforma en un ave voladora para cumplir con sus tareas de generar enfermedades. Sólo ella puede volar de forma horizontal, a diferencia del resto de los brujos que lo hacen de forma vertical. El ingreso a la brujería es un verdadero privilegio. Al candidato se le somete a una serie de pruebas. Entre ellas, ingerir alimentos indigestos, bañarse en el Traiguén o cascada durante las noches más heladas del invierno para "borrarle" el bautismo cristiano y emboscadas nocturnas. El Invunche o Machucho de la Cueva es un monstruo que protege la entrada a la Cueva de los Brujos. Para hacerse de un guardián, los hechiceros raptan al primogénito de una familia o un padre se los vende a cambio de favores. Los brujos convierten a un niño en Invunche quebrándole una pierna y torciéndosela en la espalda. Luego aplican en su lomo un ungüento mágico que hace crecer gruesos pelos. Por último, le parten la lengua en dos para que parezca serpiente.
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