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| 08 de Febrero de 2004 | |||
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No necesita sistema Braille y les vende sus joyitas a historiadores top Profe cieguito se peina con los libracos Manuel Torres Abarzúa
Por ejemplo, Víctor Valenzuela Sáez (55), un no vidente que participa por quinto año consecutivo, sin necesidad de sistema Braille. Como ya no tiene local estable, recorre con su bastón de aluminio las principales universidades del país para vender textos de segunda mano a sus principales compradores, los historiadores y profesores de Ciencias Sociales. Algunos de sus clientes más ilustres son Alfredo Jocelyn-Holt, Gabriel Salazar, Cristián Gazmuri, Osvaldo Silva y Armando de Ramón. Los temas que le piden actualmente son obras más o menos modernas sobre el Bicentenario. Pero si la oferta es atractiva, también le hacen chupete a algunas joyitas del siglo XIX o comienzos del XX, como los textos del ex intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, o del gran bibliófilo José Toribio Medina. Su ingreso al oficio se produjo sin quererlo en 1976, debido a una mala racha económica como profe de Historia, título que obtuvo en el mítico Instituto Pedagógico de Santiago. Tuvo que echar a la parrilla todos los tesoros de su biblioteca, muchos de los cuales lo iluminaron durante su formación académica, hasta que las sombras se apoderaron dramáticamente de su vida en 1991. Ese año perdió la visión por un golpe que recibió en su cabeza, tras caerse desde una micro en marcha.
Nuevo impulso a su vidaPara enterarse del contenido de las publicaciones, les pide a sus colegas que le lean el índice, prólogos, contraportadas o derechamente algún trozo de un capítulo, fragmentos que en muchos casos registra en una grabadora de bolsillo. Otra de las alternativas para cachar la onda de un texto es a través de un programa computacional especial para ciegos. Pero su mayor vínculo con el mundo y los libros es sin duda su fiel compañera.El nexo que ha establecido con lo más granado del mundo académico -asegura- le ha permitido un segundo aliento en la vida, una especial integración y una gran oportunidad de complementar sus conocimientos con las últimas visiones de nuestra historia. "Estos vínculos son una forma extraordinaria de comunicarme tanto con los académicos y alumnos. Tanto es así, que regularmente me invitan a la entrega de premios nacionales de historia o a cualquier otra actividad cultural", indica el librero que por tres años tuvo un negocio en la galería Venetto, Providencia, uno de los oasis del texto usado, pero lo cerró porque el pago del arriendo se estaba llevando toda la plata. Una de las pegas que recuerda con orgullo es la que realizó para la Organización de Estados Americanos. Por intermedio de la Universidad Tecnológica Metropolitana y el Instituto Panamericano de Geografía e Historia adecuó mapas y planos para la comunidad ciega. También saca pecho para contar que en varias ocasiones se ha mandado la pega china de catalogar bibliotecas de casi 10 mil ejemplares, como la del historiador Gonzalo Izquierdo. Su gran sueño es compilar y escribir la historia de la discapacidad visual en Chilito, trabajo en el que asegura hay caleta de manuscritos que ya están listitos.
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