Rodrigo Viera Yáñez (34) participa desde la primera feria que organizó la "U" Mayor, en 1993. La onda libresca le viene de cabro chico. Nelson, su padre, tenía la casa convertida en bodega de libros y revistas viejas, ya que en un comienzo tiraba el paño en el desaparecido persa de Balmaceda, ubicado a un costado de la ex Cárcel Pública. Rodrigo y su hermana Andrea lo acompañaban todo el fin de semana a hacer bailar la culebra y ya cachaban de precios cuando todavía no aprendían a leer ni escribir.
Con el tiempo, la situación mejoró y su padre compró un local en la Plaza Almagro, en San Diego, donde a comienzos de la década del '80 la familia Viera-Yáñez vivió un largo período de esplendor.
Partió con la venta de textos antiguos de Historia de Chile, la gran especialidad. Pero lo que definitivamente consagró al papi en el oficio, los llenó de plata y bautizó como el "poeta porno" fue la venta por toneladas de literatura erótica.
Se hizo el pino con "Las Memorias de una Pulga", "Gruchenka, Gruchenka, Gruchenka", "El Loto Dorado" y "Las memorias de una Princesa Rusa". También se vendían y cambiaban por kilos las revistas "Playboy", "Hustler" y "Machos", entre otras. Se dice que el Partido Comunista financiaba parte de sus actividades con la impresión clandestina de estos libros.
Pero la época de bonanza tuvo sus costos. El padre de Rodrigo se pegó tres canazos por vender este tipo de literatura.
"Esa fue la época de las vacas gordas. La casa estaba llena de esos libros. Apenas nos podíamos mover", rememora el flaco Viera, quien a comienzos del '90 se independizó con un puesto de artesanía y libros en la feria del Barrio Bellavista. Actualmente le trabaja a los comics.