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| 08 de Febrero de 2004 | |||
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Peluquero tacneño le leía la Biblia al vagabundo baleado en la frontera Peluquero peruano: "Nombró a Jesús cuando estaba agónico y pidió morir en paz, por eso supe que era él" Ximena Astudillo
Se hacía llamar José Segundo Rubio Paredes, pese a que ese nombre no existe en los archivos de identificación del Perú, y durante los días compartidos en Tacna, Perca intentó evangelizarlo. "Como cristiano yo siempre le hablaba de Jesús, y por eso me llamó la atención, cuando se publicó sobre su muerte, que él había dicho que era enviado de Jesús y que lo dejaran morir en paz. Yo le decía que Jesús era nuestro Dios, que lo podía curar, porque curó a los enfermos y dio vista a los ciegos. Quizás lo fresco que tenía era eso y por eso lo repitió antes de morir", explica. "Yo lo conocí a través de un hermano evangélico, el taxista Eusebio Mamani Pérez, que me lo trajo hasta acá. El no tenía tiempo para cuidarlo, así que lo trajo a mi negocio para que pudiera cuidarlo y conversar con él. Yo le corté la barba, el pelo, le di mis zapatos y una casaca nueva, la mejor ropa que tenía, porque Dios dice que siempre hay que dar algo bueno. También le di un cuarto en una parcela que tengo en Viñani, pero fue imposible mantenerlo, porque era muy inquieto", añade. Según comenta, el vagabundo "tenía muy buena memoria y aunque muchas veces se quedaba solo hablando algunas incoherencias, cuando uno le preguntaba por quiénes lo estábamos ayudando, siempre recordaba los nombres. Yo siempre pensé que él era pescador, porque conocía bastante de peces, de instrumentos para pescar y porque hablaba de Chiclayo, la zona costera que, según dijo, estaban sus padres y sus cinco hermanos". Llegaba muy temprano a desayunar en su peluquería y luego se dedicaba a deambular por las calles aledañas. A la hora de almuerzo, retornaba para comer junto a Perca y escuchar mensajes bíblicos. En los 20 días que compartió con el peluquero, nunca mostró conductas violentas, aunque por momentos se evadía y hablaba solo. Cuando le pedían que leyera el diario o un libro, lo hacía con muy buena dicción. Sin explicación alguna, desapareció misteriosamente el 20 de noviembre y nunca volvió a ser visto por el barrio. Antes de su partida, Perca anotó en una libreta el nombre de José Segundo Rubio Paredes, por el que se hacía llamar, y los de Carlos Rubio Gil y de Dora Paredes Briceño, supuestamente sus padres, que sí figuran en los registros peruanos.
Pruebas de ADNEn tanto, como una "gestión personal y no oficial" calificó el cónsul general del Perú en Arica, Jorge Lázaro Jeldres, el reconocimiento que realizó Santiago Perca. "Tanto éstas como otras hipótesis está investigando la Policía Nacional del Perú. No se ha descartado nada", indicó.También desmintió informaciones respecto a que por razones sanitarias y de espacio, el cuerpo del indocumentado sería sepultado en Arica, debido a que se encuentra ocupando uno de los dos espacios que dispone la morgue. El cónsul sostuvo que no sólo la PNP está realizando peritajes con las huellas digitales del individuo, sino que también estudia la realización de pruebas de ADN a las personas que el mendigo señaló como sus padres y que se encuentran inscritos en Chiclayo, al norte de Lima.
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