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Se trata del caballo de silla que le cambió el genio a Mocito Frescolín
Dicen que medio Derby le pertenece a Rosamel
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| El día de El Derby los aplausos eran para Mocito Frescolín, pero muchos de ellos también debían dirigirse para el caballo de silla que lo acompaña en la foteli y que le cambió la vida al temperamental hijo de Hidden Source.
(Foto: Ricardo Laubreaux)
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La opinión del veterinario
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La aplicación de estrategias como las que representa Rosamel no tienen que ver con secretos de campo o recetas de abuelitos, sino que tiene todo un cuento científico. El jefe de la Clínica Veterinaria del Club Hípico, Adolfo Godoy, nos explicó que existe todo un capítulo científico que se incluye dentro de una serie titulada Conducta Animal.
"Los finasangres están expuestos a una serie de factores distractores, de manera que con ciertas iniciativas se consigue concentrar la atención del animal en lo que uno pretende. En la soledad, en el aburrimiento, hay caballos que tienden a desarrollar algunos vicios; algunos, por ejemplo, caminan y caminan dentro de la pesebrera, otros desarrollan lo que se llama el baile del oso (cargan el cuerpo rítmicamente de un lado a otro) y algunos exageran el proceso de masturbación. Para cada una de estas conductas hay un tratamiento o solución".
El caballo Stérnico, según nos contó Manuel Mancilla, el eficiente assistant trainer del líder Sergio Inda, se lo caminaba todo en su pesebrera hasta que le pusieron de compañero a un chivo.
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Los norteamericanos tienen en un altar a un caballito chico, feo y ultra modesto que llegó a convertirse en una grossa leyenda: Seabiscuit. Este pingo, del que se hicieron tres películas, fue héroe en los tiempos de la gran depresión de los años 30 porque ganándole a la adversidad y luchando como él solo se trocó en campeón. Seabiscuit era, como pingo, malito y además irascible, violento, temperamental. El entrenador Tom Smith lo curó de sus yayas -tenía varias- y además le buscó la manera de mejorarle el genio hasta que le apuntó colocándole un compañero en la pesebera, un caballito blanco que no se separó jamás del colorado que luego se convertiría en crack.
El día del premio El Ensayo, el potrillo Mocito Frescolín tuvo que ser retirado del partidor porque no se animó a entrar al cajón. Ahí mismito el propietario del singular corredor tomó la receta de Smith y le sugirió al entrenador Emilio Quiroga buscarle compañía al alazán. Así llegó Rosamel a convertirse en yunta de Mocito Frescolín.
"El patrón tuvo una extraordinaria idea, eso es lo que podemos concluir -comentó el eficiente trainer- porque Mocito Frescolín comenzó a darse mucho más y a demostrar todo lo bueno que siempre dijimos que era. Le ganó muy bien a los caballos viejos y en el Coronación estuvo brillante. En El Derby, para qué decir. A Viña tuvimos que llevarle el caballo de silla y no sé si se fijaron que, de regreso al pesaje y cuando el potrillo se vio solo, sin Rosamel, se tiró a retacar".
"Es su compañero, su compinche, se cuentan quizás qué cosas, pero lo importante es que matan el tiempo y el caballo se concentra en correr", opinó el doctor Alejandro Alvarez, propietario del descendiente de Hidden Source.
Mocito Frescolín y Rosamel llegaron juntos el lunes a Santiago después de la proeza realizada en el Sporting. Están galopando juntos a la espera de la nominación para el Latinoamericano o de una posible venta al mercado gringurri.
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