- Pablito, mi marido me engaña.
-¿Con quién, mamita?
- Con una amiga que también es casada.
-¿Y tú lo aguantas?
- No me queda otra. Tengo dos hijos y mi marido ahora vive con ella.
-¿Sabe el marido de ella que lo engañan?
- Claro, si vive con los dos. ¿Qué hago?
- Con todo lo que te hace, hace rato ya que deberías haberlo dejado.
Éste es uno de los tantos consejos que a diario Pablo Aguilera entrega a sus fieles auditoras que lo escuchan en Radio Pudahuel, de 9 a 13 horas, en "La Mañana de Pablo Aguilera". A concho cuida la edad de sus canas y asegura que nunca ha requerido acudir a un sicólogo para capear la carga emocional de cada una las consultas en dos décadas frente a los micrófonos.
Sano como yogur
-¿Edad Pablito?
- Ahhh..., tú piensas que yo lo voy a decir así a sangre fría. Tengo bastante menos de lo que la gente cree y bastante más de lo que yo quisiera tener y ahí quedo perfecto.
- Cuéntele a la barra de su life.
- Tengo seis hijos, los quiero mucho y de mi familia privada nunca hablo; encuentro que nada que ver.
- El Pablo Aguilera que principalmente las auditoras escuchan, ¿es el mismo en su vida familiar, así como tan chispeante, lo traspasa a su entorno?
- Eso habría que preguntárselo a la gente que vive con uno, porque habitualmente uno como que se desdobla un poco en este trabajo. Yo trato de ser lo más sincero posible y creo que la gente de alguna manera ha apreciado eso. No importa ser bueno o ser malo; yo siempre he dicho eso, lo importante es actuar con sinceridad. Ése es el consejo que les doy a los colegas nuevos que llegan a la radio. Lo que valoran es que la persona sea de verdad y al final te pillan igual.
-¿Pablo Aguilera tiene algún secreto, así como el vino, para no quedar pelado, que no se le caigan los dientes?
- Nada, es que en verdad soy bastante ordenado en general, no he cometido grandes excesos, no he sido ni soy santo ni mucho menos, pero también es un poco suerte, no enguatonarse, como dice un hijo chico mío. Cuando uno comete muchos excesos, como demasiado carrete, el trago, el cigarro... yo fumé, pero dejé de fumar hace 20 años... todo eso al final te pasa la cuenta y también debe ser una cosa genética y hay que agradecer que no se me haya caído el pelo, ni cosas por el estilo.
-¿Algo así como el Pedro Messone de la radio?
- Claro, Pedro Messone me dice que yo soy más viejo que él y es totalmente mentira. Yo estaba en kinder cuando él estaba saliendo del colegio.
-¿El otro secreto para mantenerse tantos años vigente?
- Ahí no hay secreto, se trata de ser de verdad, nomás, porque al fin y al cabo la gente te va a descubrir si no eres de verdad. Eso en la televisión se nota mucho. Creo que la televisión en Chile cambió con Kike Morandé. Al comienzo también lo criticaba, lo encontraba demasiado desenfadado, pero el gallo tuvo la virtud de desempaquetar a los animadores que habíamos en ese momento. Creo que eso la gente valora, que al otro lado haya alguien al teléfono que sepa escuchar y que diga las cosas con sinceridad, que no explote el morbo, porque la gente lo único que quiere es que la escuchen, para desahogarse.
-¿No te has sentido ahogado, no has acudido a un sicólogo con tantos casos dramáticos?
- Para nada. Yo quería meterme este año a estudiar sicología, pero era vespertina y es medio complicado; no me iba a dar el cuero con tanta responsabilidad. Yo me entretengo montones, porque la gente te entretiene. Si lo tomara como un turno, sería fatal. Hay situaciones bastante divertidas. A otras auditoras las reto de frentón, porque cometen tonterías. Si te están chancaqueando todos los días, te engañan, entonces para qué diablos aguantái. Hay que ser muy menso, hay que decírselo para que tomen soluciones, para que reaccionen.
"No soy galancete"
-¿Tu señora es celosa?
- No sé, habría que preguntárselo a ella. La gente no me toma a mí como galán, me toman como el amigo que sabe escuchar. No pretendo aprovecharme de las auditoras, aunque algunas que vienen a buscar premios son bien buenas como para aprovecharse (risas). Me tienen harta confianza y nada de andar enamorando a las niñas. Esa cuestión ya pasó ya...
-¿Ya pasó? ¿O sea, alguna vez el diablo quiso meter la cola?
- Creo que todos los hombres tenemos genéticamente una alta dosis de información, en que el hombre trata de conquistar a la mujer de todas maneras y eso está en todos los hombres. Y por supuesto yo no soy ajeno a eso, y tampoco he sido santo ni soy santo. Pero en mi trabajo radial no soy galán y a esta altura estaría medio añejo.
-¿Eres un Rumpy, más amigo de las mamitas, o él aprendió de ti?
- Siempre me han preguntado eso. Este es el año 19 disfrutando del apoyo del público, que inicié dos años antes en Radio 100. Creo que el Rumpy ha hecho un excelente trabajo, adecuado a su edad, tenía que ser así, en un tono más rupturista, acorde a lo que es él y lo que hace es de acuerdo a lo que hago también. Pero no compararía una cosa con la otra. Cada uno tiene su perfil y lo que él hace es bastante entretenido. Tuvo una tremenda virtud en que el horario de la tarde históricamente era bastante perdido y el Rumpy logró que la curva se transformara logrando un peak que no existía.
-¿Has tenido una situación difícil al aire?
- Montones de veces, cosas dolorosas. He tenido suicidios anunciados, con el ruido característico de pasada de bala, en que la persona se ha suicidado cuando ha terminado el programa. Y montones de veces hemos logrado salvar a personas en depresiones bien profundas. Esto de la radio es bien mágico, porque se van creando cadenas de solidaridad.
- Cuando Pablo Aguilera aconseja, incluso reta, ¿se siente dueño de la verdad?
- Creo que ahí está el peligro. Uno está metido en el programa y de alguna manera claro que se siente con la verdad. Pero la misma gente cuando uno se equivoca y aventura muchas opiniones te dice oiga, Pablito, no pues, usted está equivocado, y ahí uno entiende que no es dueño de la verdad.