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| 23 de Febrero de 2004 | |||
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| CONTENIDOS | CRÓNICA | LA VUELTA AL MUNDO | LA CUARTA DEPORTIVA | LA CUARTA ESPECTACULAR | MAGAZINE | LA PAPA |
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La ventanita sentimental DR. CARIÑO doc@lacuarta.cl Doctor Cariño:
Me llega a dar vergüenza contarle que tengo este problema, porque está claro que el tontón de mi marido se está reblandeciendo. Fíjese que era ejecutivo de una empresa mediana. Nos iba bien, porque él tenía un buen sueldo, y aunque siempre ha sido un poco latero, estábamos más o menos. Entonces pasó que lo despidieron, no por leso, sino porque la empresa quebró como arpa vieja. Yo le dije que apechugáramos y por un tiempo la cosa marchó. Bajamos nuestro nivel de vida y nuestras hijas, que tienen 12 y 14 años, respectivamente, lo tomaron bien. ¿Y entonces, qué pasó? Que al año y medio a este pobre hombre le dio por ponerse nervioso, le bajó una depresión que le llegaba a los talones, se empezó a poner más pesado que nunca y acaba de culminar su número, como dicen ustedes. La última plata que teníamos guardada se la gastó en juegos de azar y ahora estamos completamente de brazos cruzados. Por supuesto que lo hizo sin consultarle a nadie. ¿Qué se puede hacer con tamaño tonto? Yo como que estoy dispuesta a darle filo, porque una cosa es aguantarlas juntas hasta que vuelvan los viejos tiempos, y otra es estar a la merced de un tonto. Yo tenía desde hace tiempo un pretendiente de lo más amoroso, pero siempre yo lo había rechazado, porque quería ser leal hasta el último a este pesado grande. Pero ahora, ya pasó la raya. ¿No le parece que se lo merece de sobra? Carmen Carmencha:
Fíjese que no le encuentro razón para nada. Lo que pasa es que usted se muere de ganas de convertir a su marido en perchero y le anda buscando las cinco patas al gato. Incluso la muy pérfida pretende que este puro e inmaculado doctor la autorice para darle cuerda al reloj de otros escenarios. La actitud de su esposo, mi buena o mala señora, se debe a que el pobre gallo se desesperó al ver que no encontraba trabajo y que se le estaban yendo los ahorros de forma impajaritable. En su angustia se tiró al lance de jugar, creyendo que en los juegos de azar iba a encontrar la solución a todos sus males. La embarró. Claro que sí, pero usted debe reflexionar sobre los motivos que lo llevaron a quemar los últimos pesitos. En cambio, ¿qué es lo que cranea hacer la flor de esposa? Zapatearle el cráneo al aporreado marido y confiesa que tiene hace tiempo un pretendiente de lo más amoroso. O sea, coquetona y fresca más encima. Ha de saber, Carmela, que todos los pretendientes son tiernos, dulces, encantadores amorosos, y hasta desprendidos. Una vez que dejan la condición de pretendientes, muestran las ojotas. Apechugue al lado de su marido. Levántele la moral y otras cosas y verá cómo tira para arriba. Y lo pasará harto bien.
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