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| 29 de Febrero de 2004 | |||
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Hoy ponen candado a legendario recinto que albergará a la Cancillería Con brindis bien lloriqueados fue la última noche del Hotel Carrera (Jaime Salas T.) De hecho, el martes pasado se realizó el remate de los últimos artículos que quedaban en uso, el que congregó a gran cantidad de interesados. Pero el panoro era distinto ayer: Los pocos pasajeros que pretendían pasar la noche en el recinto provenían de Gringolandia y no cachaban mucho lo del cierre. En la parte trasera, en cambio, era posible advertir cómo algunos trabajadores terminaban de embalar los colchones, cómodas y lámparas rezagados. "Tuvimos que cancelar varias reservas, porque era mucho el interés de algunos nostálgicos ciudadanos criollos que querían pasar la noche aquí. Es que ya no tenemos todas las comodidades de antes para atenderlos con categoría cinco estrellas", se excusó el portero Manuel Ponce. Con 49 años a cuestas, contó que llegó a trabajar en el Carrera a los 20 y que comenzó de bien abajo. "Partí en 1974 haciendo el aseo de las habitaciones, así es que no alcancé a ver el bombardeo a La Moneda. Después fui ascensorista, en la época en que estos aparatos eran manuales. Como siempre tuve espíritu de superación, estudié un poco de inglés y me ascendieron a asistente de conserje. De ahí salté al puesto de botones y, con el correr de los años, fui promovido al de portero. No cualquiera llega aquí. Recuerde que somos los primeros en recibir con una sonrisa al huésped". Si bien Manolito guarda gratos recuerdos de su paso por el hotel, no puede ocultar la pena tras su cierre definitivo. "Qué se le va a hacer. Mañana (hoy), habrá una verdadera lloratón. En todo caso, me siento orgulloso de haber trabajado en esta institución. Sé que este es un oficio, pero yo siempre le di un toque profesional", añadió.
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