09 de Mayo de 2004
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La ventanita sentimental

 
La ventanita sentimental
doc@lacuarta.cl

Nota: No se mantiene correspondencia privada

Doctor Cariño:

Le escribo esta carta no como una consulta, sino como la opinión de una chilenita que encuentra que usted es un moralizador a la antigua.

Leo atentamente y al detalle cada una de sus respuestas y la verdad es que las encuentro como de cajón, siempre tratando de que la gente se porte lo más bien posible y se preocupe de no dar "malos ejemplos".

Creo que lo importante es vivir y amar, y como ese es mi predicamento en la vida, se lo expreso, aunque a usted no le agrade.

Tengo 44 años, aún me considero una mujer atractiva, con gancho, y gozo de la vida lo más que puedo. ¿Qué hay de malo en eso?

Por supuesto que entre los hombres que he tenido ha habido casados, pero no me parece que el haber intervenido y haber sido "la otra" me haya convertido en una perdida o algo por el estilo.

Conocí el matrimonio hasta la muerte de mi marido y siempre he pensado que amar es lo más importante. Estar enamorada le da a la vida ese toque mágico que necesitamos. Por lo general, los avinagrados son los que crean los problemas y, si usted se fija, los que se dedican al amor son alegres y ven el lado positivo de la vida.

Desde su punto de vista moral, yo sería una desgracia. Sin embargo, creo que soy una mujer feliz y se debe, creo yo, a que nunca he tenido ataduras en el amor, lo que ha evitado que sea una víctima de mis sentimientos.

LELA

Mi perra:

Por supuesto que no nos vamos a poner de acuerdo, pero la comprendo. Una vampiresa a los 44 años está quemando sus últimos cartuchos pasionales y cada vez se le hacen más difíciles las conquistas y aventuras, incluso con hombres casados.

El problema serio para mujeres como usted, mi perra, es que los años pasan volando y no por la vereda del frente, sino que empiezan a quedar en el cuerpo, en la cara, en el ánimo y, al final, todo es un desastre.

No le voy a discutir que lo ha pasado bomba con su peculiar sistema de vida, donde muestra un curioso enfoque. Dice que el hecho de haber mantenido fogosos romances con pericos argollados no la hace sentirse una "perdida", pero ¿se ha interesado en conocer la opinión de las esposas de los gallos que han disfrutado de sus maduros encantos?

La verdad es que yo me preocupo de que las esposas no le pongan cachitos al marido, que éste no abandone a su mujer e hijos por una aventura y que las cabras chicas no se pongan a hacer cosas de grandes antes de tiempo. ¿Cree que me metería con una amadora que se está despidiendo por todo lo alto del amor? No, amiga mía. Por ningún motivo.

DR. CARIÑO

 
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