Dentro del abundante repertorio de chivas que existe, Carlos Alberto Parreira escogió sacarse el pillo con la más vieja de las excusas: La famosa echada de yegua. Ahogado por la prensa garotiña, a la que no le hizo nada de gracia que el monarca del balón apenas cosechara un empate, el técnico verdamarelo salió con el verso de que sus cracks "dieron todo lo que pudieron", pero el cansancio les pasó la cuenta, porque "la mayoría viene de terminar sus temporadas en Europa, que son muy intensas".
En todo caso, el hombre al que le hace el equipo su mami reconoció que Chile merecía el resultado, que "no fue malo, porque dejó a ambos equipos bien colocados en la tabla. Fue un partido difícil, complicado, Chile tiene un equipo muy fuerte, de mucha capacidad y luchó mucho, sobre todo en el segundo tiempo", elogió al rival.
Pero por muy humilde que se mostrara, Parreira de todos modos negó que el Scratch se haya arratonado, en busca de haber protegido el 1 a 0 miserable.
"Es que no podíamos hacer otra cosa", dijo, haciéndose el cucho con la sensación general de que Brasil renunció en un momento al ataque.
Finalmente, Carlitos confesó que su mayor julepe se hizo realidad. "Temía que si Chile buscaba otras alternativas, más allá del puro centro, podría empatar y así ocurrió", culminó el DT.