El jueves, tres jinetes y un amigo circulaban en auto por una de las avenidas de la república de Renca. Uno de ellos se percató que delante viajaba una hermosa y bien dotada chiquilla en bicicleta. Fue entonces cuando el diablito que todos tenemos dentro le sugirió sacar la mano por la ventanilla y agarrar esas sentaderas deliciosas que tentaban sobre el vinil de la minimax. Una travesura de la que que el joven jockey se arrepentirá toda su vida.
El jinete no se percató de que su acción estaba siendo observada por un hombre de verde que controlaba el tránsito desde una posición privilegiada. Nada que reclamar, nada que reprochar: los cuatro pasajeros del auto fueron a dar a la comisaría y el jinete manilarga a la penitenciaría acusado de acoso sexual. Sólo ayer y tras el pago de una fianza de 120 mil pesos, el látigo recuperó su libertad y aún temblaba cuando llegó a su domicilio.
Lo contamos con algo de malicia, pero experiencias como ésta tienen que servirle a nuestros profesionales para entender que en la vida, personas públicas como ellos tienen que ser, eso mismo, profesionales siempre.