Ni todas las mandas y ruegos que su familia hizo con la esperanza de una recuperación, lograron revertir la insuficiencia cardíaca refractaria que, sumada a una falla multiorgánica sistémica, terminó por ocasionar la muerte de Cristián Arratia Fuentes, el joven de 34 años que en vano esperó por un trasplante.
Si bien el estado del muchacho, padre de una chiquita de 10 pepas, iba de mal en peor, hasta el último sus papás aguardaban un milagro. Por tal razón lo habían encomendado a cuanto santito les permitiera mantener viva la ilusión de verlo salir sano desde el Hospital Clínico de la Universidad Católica, gracias a un nuevo cucharón.
Sin embargo, la suerte estaba echada, porque a las 12:15 horas, y luego de dos intentos fallidos -el primero, cuando la familia de un potencial donante se retractó, y después, al ser sacado de la lista de espera para trasplantes por su deficiente condición-, finalmente falleció.
La información fue confirmada por el jefe de la Unidad Coronaria del recinto, doc Pablo Castro, quien había casi vaticinado que, lamentablemente, el paciente estaba en el peor de los escenarios, debido a su progresivo deterioro.
La noticia del desenlace fue recibida con hondo pesar por los familiares de Cristián, quienes a esa hora se encontraban en el establecimiento asistencial.