16 de Octubre de 2005
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Chantaje emocional
"Sé que mi madre me quiere, pero ella se ha aprovechado de su soledad para hacerme sentir que soy él único que puede ayudarla. Quiero hacer mi vida, pero ella no me deja”, expresa José Manuel J. (28 años),trabajador del área comercial.

"Cuando le comenté que estaba pololeando de nuevo, casi le dio un ataque. Se puso pálida y no quiso seguir almorzando. Después se fue a su dormitorio a llorar. El doctor la envió a un sicólogo, pero ella se resiste a consultar a ese profesional”, destaca el joven.



No es fácil una relación donde la madre toma al hijo como sustituto de la pareja que ya no tiene, porque se produce una tendencia al chantaje emocional, lo que debe ser tratado profesionalmente.

José Manuel J. (28 años), trabaja en una tienda del centro de Santiago. Lleva cinco años como vendedor. Obtuvo su título de técnico en un instituto, pero al no encontrar trabajo se vistió de corbata y comenzó a atender público.

Su amabilidad es característica, lo que hace que esté muy bien evaluado por sus jefaturas, lo que provoca la natural incomodidad de sus compañeros.

Desde hace un año pololea con Rosana, la hermana de una ex compañera de colegio. La muchacha tiene 24 años y está terminando una carrera de comunicaciones.

Han hablado solo en broma del matrimonio, porque nunguno quiere casarse todavía. José Manuel quiere hacerlo pasados los 30 y Rosana quiere ejercer un tiempo su profesión.

Así las cosas, pareciera que el joven vendedor estuviese tranquilo: con trabajo y polola. Pero no es así.

CONFLICTO

Ema (48 años), la madre, se casó cuando tenía 19 años, dos más que Ricardo. Tuvo a José Manuel al año siguiente. Patricia nació tres años después.

Durante 16 años, Ema y Ricardo demostraron enorme preocupación por el hogar. Él era funcionario de una empresa de exportaciones y ella trabajaba con una pariente cercana en una rotisería.

Con esfuerzo lograron conformar un hogar agradable, propio y bien ubicado. A la vez, Ricardo llegó con auto al matrimonio y la organización familiar le permitió cambiardo tres veces.

José Manuel tenía 15 años cuando Ricardo conoció a otra mujer, con la que tuvo un hijo. Esperó a que ese niño naciera para contarlo en su hogar. Durante varios meses se mantuvo entre dos hogares, lo que le provocó alteraciones nerviosas y mucha baja de peso. Finalmente, cuando lo contó, Ema reaccionó muy mal y le pidió que se fuera de la casa.

Ricardo no puso inconvenientes, porque eso le permitió conformar un nuevo hogar. De igual formar, siempre se preocupó de la pensión alimenticia de sus dos hijos mayores.

El conflicto fue mayor en la familia. Ema comenzó a preocuparse mucho de ella, olvidándose de sus hijos. Visitaba a sus padres, hermanas y amigas, con la finalidad de buscar compasión. Así pasaron cuatro años, hasta que Patricia se casí y se fue el hogar.

Ema tra rehacer su vida, pero no le fue posible. Su depresión continua la llevaron a fracasar en dos oportunidades.

Al quedarse sola con José Manuel, comenzó a exigirle que él se preocupara siempre de ella. "Estoy sola y no tengo quien me pase un vaso de agua siquiera”, le decía a su hijo, cuando él llegaba del instituto.

Su insistencia permanente era que estaba cansada de trabajar, pero que su única obligación era "tener” para que José Manuel terminara sus estudios. "O sea, como que me lo sacaba en cara. Yo igual me ayudé harto con la asistencia que le brindada a un tío en su cibercafé. Siempre me gustó la computación, así es que me sentía feliz ayudándole y ganándome unos pesos”, expresa.

Añade que tuvo, "una polola del barrio. Estuvimos juntos como cuatro o cinco años, pero en forma parcelada. Estábamos juntos y después peléabamos. Parecía chiste. El asunto es que cuando mi mamá se enteraba que había terminado, me atendía como un rey, claro que me decía que era para que se me pasara la pena”.

LA DEPENDENCIA

José Manuel estuvo sin polola durante dos años, tiempo en el cual tuvo amigas con las cuales sostenía relaciones breves, pero se daba cuenta que su mamá no lo trataba bien cuando él le comentaba de sus romances. "Llegué a pensar que mi mamá estaba enamorada de mí. ¡Qué loco, ah! Pero era tanta la diferencia entre cuando estaba solo y cuando tenía polola, que era lo único que podía pensar”.

"Cuando le comenté que estaba pololeando de nuevo, casi le dio un ataque. Se puso pálida y no quiso seguir almorzando. Después se fue a su dormitorio a llorar. El doctor la envió a un sicólogo, pero ella se resiste a consultar a ese profesional. Fue tanto su decaimiento que eso me obligó a llevarla al médico. Ahí le dijo que presentaba un cuadro de cansancio y estres, con una fuerte carga emocional, lo que hacía urgente un tratamient sicológico”,expresa el preocupado "J.M.”, como le llama su polola.

De hecho, Ema recibió solo un par de veces a Rosana y después le dijo a su hijo que no llevara más, porque no le caía bien.

"Sé que mi madre me quiere, pero ella se ha aprovechado de su soledad para hacerme sentir que soy él único que puede ayudarla. Quiero hacer mi vida, pero ella no me deja”, enfatiza.

LA SOLUCIÓN

José Manuel se reunió con sus abuelos hace dos meses y le comentó los problemas que tenía con su madre. Ellos lo escucharon, pero le dijeron que no deseaban meterse, porque Ema -por su genio- podría molestarse.

Así, el joven acudió a su hermana. Patricia habló con su madre, pero no sacó nada en limpio. Lo más que obtuvo fue una más fuerte declaración que provocó mayor preocupación: "sé que ahora sobro en este mundo, por lo que lo mejor será pedirle a Dios que me lleve. Yo que di todo, ahora no recibo nada”.

Patricia le dijo a su hermano que ella no podía hacer más. Así, el problema volvió a su origen, con más carga negativa de la madre.

Frente a todo ello, José Manuel aprovechó un almuerzo con sus abuelos y su madre para anunciar que pensaba casarse. Lo hizo como una forma de provocar el tema de la soledad de Ema. El drama fue tremendo. Tanto así que Ema se fue a la casa de una amiga.

José Manuel aprovechó esa instancia y habló con una sicóloga municipal. Ella le aconsejó que era el momento justo para que se terminara el chantaje emocional.

Así, el joven cambió de actitud. Le escribió una carta a su madre, donde le decía que la amaba mucho y que jamás la abandonaría, pero que no era su pareja. Que ella aún es joven para rehacer su vida, que acepte a su polola, que no piensa casarse antes de los 30 años, pero que siente que le corresponde hacer su vida.

Después de una semana sin hablarse, Ema le anunció que iría al sicólogo.

ESPERANZA

En julio Ema fue al sicólogo y hace unos días cumplió su tercera cita.

En octubre, con la primavera, ya hay primeros resultados, lo que tiene feliz al entorno de ese hogar que comparte con José Manuel.

"No quiere ver a Rosana todavía, pero le envía saludos y le manda a decir que tiene que cuidarme. Creo que por fin hay una luz para que cambie. Yo estoy más tranquilo y mis abuelo también. Mi hermana va a tener su tercer hijo y mi mamá quiere que se lo lleve bien seguido, porque a los dos anteriores siempre los rechazó y los quería siempre lejos. Creo que todo mejorará”, concluye el esperanzado joven.


 

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