Un retrasado funeral nocturno tuvo Marcela Rojas Sáez, de 36 años, la infortunada mamita que falleció el sábado como consecuencia de un paro cardiorrespiratorio derivado de la obesidad mórbida que la aquejaba.
Las exequias estaban previstas para las cinco de la tarde del sábado y las dificultades comenzaron cuando los maestros encargados de construir la urna por la funeraria Lomas de San Pedro demoraron más de tres horas del plazo estipulado para entregarla. Luego, en la morgue del Hospital Regional de Concepción hubo dificultades para depositar el cadáver de la mujer, de 330 kilos de peso, en el cajón. Veinte voluntarios del Cuerpo de Bomberos local ayudaron en la penosa tarea. La urna con los restos mortales debió ser tomada por un montacarga para llevarlahasta la carroza.
El traslado del féretro de dos metros de largo por uno 80 de ancho desde la morgue al Cementerio General de la capital penquista, también ofreció algunas dificultades: Obligaron que la carroza se desplazara a muy baja velocidad debido a la diferencia de peso entre la parte delantera y trasera del vehículo.
Cuando ya parecía que el vía crucis de la infortunada mujer terminaba, apareció la última dificultad. La fosa hecha en el patio 23, donde quedó sepultada, no era lo suficientemente ancha para contener la urna. Ello obligó a trabajar rápidamente en la excavación para que finalmente, cerca de las 22,30 horas, Marcela Rojas quedara en su definitiva morada.