Ya perdí la cuenta de las veces que intenté volver al camino del Señor. La pulenta que lo probé todo. Amarrarme las manos, esconder las petacas. Pero la verdad es que me convencí que algunos nacimos chicharra para morir cantando.
Es la esencia. Imagínese al pobre Fabricio en la Isla Vip, atinándole a todo lo que tuviera hoyo, sin perdonar ni a las palmeras. Qué se le va a hacer. Total, los pecadores al menos tenemos la dignidad de morir con las botas puestas. Porque de verdad, queridos amigos, no hay peor gil que el que pontifica con el cuatro letras en la mano. Como aquel que se tomó tres piscinas y después vive la más odiosa de las cañas: La del abstemio. Alegando que los curaos son lo peor. ¡Sálveme, Dios!
Y lo terrible es que los traidores están en todas partes. Qué me dice de Carlitos Alberto Parreira, quien debería llamarse "perreiro" y verdiño, porque debe ser el único brasileño que no ve el fútbol como brasileño. Cualquier castigo es poco para el gil que le jugó chueco al espíritu del "jogo bonito" y arratonó a Brasil frente a Francia. Han pasado los días, vasos llenos y vacíos delante de mis ojos, y aún no creo que le tirara sólo un delantero a los galos. Jamás le perdonaré que más encima me hizo perder 10 lucas.
¿Y Pekerman? Narigón retamboreado se creyó pillo sacando a Riquelme cuando Alemania se le venía con todo y mientras Argentina, donde al que arruga lo mandan pa' Chile, le rogaba por un poco de osadía. Para qué hablar de Van Basten, gil culeco que se dio el lujo de cortar a Van Nistelrooy porque el buzo no le hizo respetar la tradición tulipana de que la naranja se la ponen los cracks y no los atletas. Tal vez al final la vuelta no la dé el mejor. Pero cuando chupe por el campeón, en mi boca estará el sabor de que ganó el que no se arrepintió de sus raíces. Francia la toca a lo Zidane, Portugal es bandido como Felipao, Italia aplica catenaccio sin asco y Alemania puro mete sin gracia. Es lo que hay y se agradece.