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| 05 de Julio de 2006 | |||
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Más de 50 mil compipas colmaron el Circus Maximus de Roma, la capital italiana, con banderas y emblemas, coreando "Italia, Italia", mientras presenciaban la mocha que se encachó en Dortmund, a través de las pantallas de Pepito TV. Una vez concluido el infartante partido, que sentenció el 2-0 de los azzurri, con las pepas de Grosso y Del Piero a un cachito del tantán, la gallá enloqueció y se volcó a las calles de la mayoría de las ciudades de la bota peninsular. Los más audaces se bañaron en las fuentes públicas.
MazzolaUna de las miles de lolas romanas reconoció sentir "una sensación indescriptible, lo conseguimos, estamos muy contentos", mientras una avalancha de tifosi, muchos desconocidos entre ellos, se abrazaban y besaban.En la Plaza Venecia, en el centro romano, los taxistas que habían cerrado parcialmente el lugar en protesta contra el gobierno, la abrieron para que la gallá pudiera dar rienda suelta a su alegría. En tanto, el ex astro tano Sandro Mazzola, destacó la fortaleza de sus compipas, "que superaron a Alemania, un equipo que se caracteriza por ser fuerte". A su vez, el comentarista deportivo Marco Civoli refería que "esta victoria es una gran venganza del fútbol, que esperamos esté limpio de ahora en adelante", en referencia a los escándalos de corrupción y maffia que ensucian el peloteo italiano.
Viva l'ItaliaEn la Piazza del Duomo de Milán, la ciudad más gande y poblada de la península, en el norte del país, los hinchas estallaron en gritos, cánticos y bailes, que contagiaron a medio mundo, coreando "Viva L'Italia". Cerca, en Génova, los fuegos artificiales inundaron el cielo porteño y sonaron cientos de sirenas.La histórica Piazza San Marco de Venecia fue el centro de las celebraciones en la romántica Venecia, que danzaban en inmensas rondas, ante la mirada sorprendida de decenas de turistas germanos. La rivalidad entre tanos y ottos, que se manifiesta en diversas facetas del quehacer entre ambas naciones, se acentuó en la patria de Garibaldi. Los tifosi se burlaban de los alemanes, apelando al ingenio con consignas coreadas por miles de gargantas, ahogadas por lágrimas de emoción.
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