Quién se lo iba a imaginar? Pocos, tal vez. Especialmente en el medio pelotero de Jaguarlandia, que apostaba preferentemente por la verdemarelha o la albiceleste. Pero ahí están, frente a frente a Italia, que siempre se las arregla para acceder a las instancias finales, y Francia, que de la mano de Zinedine Zidane, emergió cual Ave Fénix, porque en los tramos iniciales el equipo galo dejó más dudas que certezas en torno a sus posibilidades.
Pero los aprontes y pronósticos ya no sirven. Es la hora de la verdad, loquitos y del más genuino representante del catenaccio (con la consabida táctica del murciélago) y el fútbol franchute, saldrá el monarca del orbe, que reinará por cuatro años hasta la nueva cita mundialista, el 2010 en Sudáfrica, donde la sarta de mediocres y su tambor mayor, que titanean en el peloteo criollo, alucinan con instalar a la Roja en la mismísima Johanesburgo. Total, soñar no cuesta nada.
Pero en este instante, más allá de la noticia local centrada en las millonarias transferencias de astros del Colo al mercado extrranjero, la opinión pública del planeta Tierra está con la mente puesta en la finalísima que disputarán pasado mañana domingo, en el Estadio Olímpico de Berlín, los azules de ambos bandos, Italia y Francia, uno de los cuales vestirá de blanco.
Y allí estarán las dos potencias. Italia con la mancha de corrupción que enloda a todo el Calcio y que desde el técnico Marcello Lippi, pasando por los directivos y los jugadores, querrán, si no borrar, al menos morigerar, para hacer menos lacerante la vergüenza. Francia, por su lado, con la galanura de un juego que a ratos ofrece destellos de exquisita técnica y solidez en todos sus sectores. Uno de los dos capitanes levantará el codiciado trofeo: Fabio Cannavaro, un auténtico caudillo italiano, o "Zizou", quien inscribió ya su nombre en la historia del fútbol franchute y mundial, con el título de 1998 y que ahora aspira a repetir, para decir adiós en el cénit al deporte rey.