10 de Julio de 2006
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Con chucrut
Por Italia confieso que soy un corrupto

La súper polla mundialera, que organicé y gané yo mismito, fue el gran evento durante el Mundial acá en La Cuarta. Adivinar el campeón entre los 16 octavofinalistas era el valiente desafío y mientras más crecía el tamaño de la polla todos hablaban de ella. Que la polla aquí, que la polla allá, la polla por todos lados.

No quiero pensar mal de mis compañeros, pero ya ni siquiera hablaban de minas, carrete o cacheteos, temas cruciales en nuestra agenda informativa, sólo de la polla, la polla y la polla... Sospecho que algunos llegaron tener sueños con ella, porque parecían polladictos crónicos. Raro, muy raro.

Mi personalidad esquizoide, esa que provocaba que a veces escribiera por igual como un positivista, un chaquetero, un poeta o un predicador vinagre, me hizo deambular con mi favoritismo por varios equipos hasta llegar a Italia. Mis carnales se inclinaron por Brasil, Argentina, Alemania, Inglaterra, Portugal y Francia, dejando en caja 56 lucas como premio.

Por mucho que los quiera, son unos cretinos. Nadie le tuvo fe a la pasión, fuerza y corrupción de Italia, tricampeones hasta ayer y que según los astros chinos cada año del perro, el equivalente a 12 de nuestros calendarios, siempre llega a una final. Pasó el 70', el 82', el 94' y como fuera tenía que pasar el 2006. Y pasó.

Las señales estaban en todos lados y nadie lo supo. Incluso en la cancha, ya que esta escuadra era ofensiva como pocas. Le ganó el verdadero Grupo de la Muerte a Ghana, EEUU y República Checa, eliminó a Australia tambaleándose, vapuleó a Ucrania y sacó de carrera al local Alemania. Recién en la final se acordó del "ratonaccio" para tumbar en penales a los galos, que sin el cabeza dura de Zinedine Zidane, expulsado tontamente por un mollerazo, demostraron que son de cartoné.

Ahora que el capitán Fabio Cannavaro recibió la Copa y yo tengo el premio en mi bolsillo debo confesar algo, bajo riesgo de terminar escribiendo las recetas de cocina. Quería ganar no sólo por salvar mi orgullo deportivo, sino también porque arriesgaba mi pellejo por gastarme hace varios días toda la plata del pozo, invirtiéndola en los fondos mutuos del restaurant El Marino con unas corredoras de bolsa del Salamandra. Por suerte, logré reponer a tiempo la plata, Trezeguet arrugó en los penales, Ia Azzurra es campeón y yo, como buen corrupto de nacimiento, partí a Plaza Italia a celebrar con todo el money de nuevo. ¡Arrivederci, perdedores!.


 

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