La desesperación por la mansa sequía que afecta a un pueblo de la India llevó a los pobladores a casar a dos ranas para atraer la lluvia.
El casorio de Punarvasu y Pushala tuvo flores, comilona y hasta música, en la localidad de Patkhal.
Incluso cuando salieron de la enorme carpa, en vez de arroz, los invitados y amigos les tiraron moscas.
El organizador del brillo contó que la boda de ranas se practica en algunas partes de la India y en otras regiones en el sur de Asia, y que la esperanza es que esta antigua costumbre traiga las lluvias del monzón al distrito azotado por la sequía.
El carrete al que llegaron miles de paracaidistas fue animado con instrumentos de viento y las ranas que estaban decoradas con flores fueron bendecidas con un elíxir sagrado.