Amante miserable se complica porque hijos de su pareja comen mucho



Doctor: 

No sé qué hacer, mi señor. Soy un almacenero de 64 años y, a mi edad, tengo un problema que me tiene muy contrariado.

Estoy divorciado hace ya 15 cambios de calendario y hace unos meses llegó una mujer a mi vida.

Ella tiene 49 y me entenderá que me ha hecho sentir cosas que no vivía hace tanto tiempo.

Afortunadamente he estado a la altura. El problema es otro…

Sucede que estamos como muy en la onda del amor y ya hemos hablado de ir a vivir juntos.

Pero bastó que me dijera que quería que yo la invitara a la playa el fin de semana para que empezara a dudar…

Quiere llevar a sus hijos, de 15 a 17 años, y la verdad es que a esa edad los adolescentes comen mucho y eso me va a afectar el bolsillo.

Imagínese: pasajes del bus, cabaña y dos muchachos tomando desayuno, almuerzo, once, cena y vaya uno a saber qué más.

¿Qué hago? ¿Les digo que vayan comidos?

Eugenio

Don Eugenio:

El amor tocó nuevamente a su corazón, pero cuando sintió que también tocó el bolsillo, como que ahí su cabeza dijo no…

Cuando se es egoísta en la vida, no hay mucho que hacer.

Su tacañería es en sumo evidente y eso, mi señor, rompe el alma.

Está bien que quiera cuidar sus intereses y no sentir que lo hacen leso económicamente, pero en este caso sólo me da razón en decirle que su egoísmo es insoportable.

Qué tan mal le podría hacer un viaje de finde. Si le preocupa tanto la plata, saque algo de comida de su almacén y lleve unas bebidas. Hay cortes de carne bien baratos, ofertas en supermercados que no duelen tanto el bolsillo.

Pero si no se las rebusca no es mucho lo que puedo recomendarle. Ella se dará cuenta muy pronto de que es tacaño y ahí se va a quedar llorando, consolado sólo por las lucas que atesorará en su billetera. 

Tus consultas y dramas de tipo amoroso pueden aparecer en la Ventanita Sentimental si las mandas a doctorcarino@lacuarta.com