Lea la columna de Manuel de Tezanos: “¿Son sinceras sus disculpas?”

Francamente me da lo mismo quién redactó y decidió enviar a El Mercurio la carta donde Marcelo Ríos pidió perdón por su exabrupto en Copa Davis.

Aunque parece escrita por otra persona, finalmente me imagino que fue él el que dio el visto bueno para que se publique, porque va firmada con su nombre.

¿Son sinceras sus disculpas? Quiero creer que sí. Que se dio cuenta del daño que había hecho a personas que lo quieren y que lo apoyaron durante su vida.

Que entendió lo soberbio que fue al pasar por sobre su equipo de Copa Davis para darse un gustito. De lo tonto que fue al generalizar con la prensa, por ejemplo, un día después que la futura Ministra del Deporte (periodista, como ya sabemos) le manifestara las buenas intenciones del nuevo gobierno para conmemorar los 20 años de su gran logro: Haber sido número uno del mundo.

Al leer la carta, sin embargo, algo me parece muy triste. Lamento sinceramente que Marcelo Ríos no haya disfrutado su etapa como profesional y que su balance de la cobertura mediática que se hizo de su carrera sea de angustia y acoso.

Como espectador y periodista siento que todo fue muy diferente a lo que él percibe. La manera que la prensa (no sólo deportiva) siguió cada uno de sus pasos fue desde un lado muy positivo.

Siempre el foco estuvo en su talento sin igual, en lo que pasaba en la cancha y los titulares se orientaron en sus triunfos, derrotas o lesiones.

Él, claramente, no lo vivió así. Le afectaron demasiado sus episodios con la farándula. Probablemente hasta hoy detesta ser famoso, que lo reconozcan en la calle y que no se pueda comer un sándwich sin que alguien le pida una foto…

Pero el principal responsable de esta relación de amor y odio con la fama es él, que no se cuidó como corresponde en situaciones extradeportivas y que cuando le convino usó los medios para exponer sus problemas personales.

Por eso le diría a Marcelo que, en lugar de tantas explicaciones, cambie. Que respete a quienes lo han respetado y se comporte como un adulto en las situaciones que corresponden.

Si sigue este simple consejo, se terminarán sus problemas. Con la prensa deportiva al menos.