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Enoturismo tiene a empresarios del vino sobándose las manos

Enoturismo tiene a empresarios del vino sobándose las manos

La generosidad de sus valles ha transformado a Chile en una potencia vitivinícola y permitido impulsar el negocio de los tours, los alojamientos y las degustaciones en viñas ancestrales.

14/03/2018 - Autor: Alexis Torres

La calidad y el inigualable sabor de los vinos chilenos y el paisaje donde se encuentran emplazadas las viñas, han permitido desarrollar una cada vez más creciente industria del enoturismo.

El objetivo principal de esta actividad vitivinícola es dar a conocer a los visitantes el funcionamiento de los viñedos, los misterios que esconde cada barrica y, como si esto fuera poco, degustar, comprar y hasta hospedarse en sus instalaciones.

A través de las exploraciones vitivinícolas, restaurantes temáticos y tours por viñedos, la industria del vino chileno se reinventó hace unos años para atraer un gran número de visitantes.

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Debido a que los márgenes de venta de vinos de bajo valor han disminuido y cada vez cuesta más vender en el extranjero, el enoturismo ha tenido un despegue acotado que ha generado millonarias ganancias a las bodegas de valles como Colchagua, Casablanca, Maipo y recientemente Maule y Ñuble, que ingresan al negocio gracias a algunos innovadores viñateros de la zona centro sur.

Por eso no es de extrañar que este negocio del turismo del vino registre un crecimiento de cerca del 28,3% en la última década, gracias al aumento de viñas que se han sumado a este movimiento y la cantidad de visitas que reciben cada año.

Por donde se le mire, el enoturismo ha sido una opción rentable para los viñateros. ¿Cuál es la clave de este éxito? Según el ingeniero agrónomo Maximiliano Morales, la llave maestra está en “visionar, por parte de los viñateros, que existe un gran flujo de visitantes extranjeros y nacionales que están interesados en conocer más sobre el vino, al igual que en otros países, debido al gran éxito de ventas de nuestro vino chileno”.

Y agrega que “a través del enoturismo se potencia la venta en origen, y hay viñas que complementan ingresos por exportaciones con estas ventas, sumado al interés de invertir en distintos valles”, explica el fundador de la empresa de marketing estratégico, Andes Wine.

Nuevas tendencias

Si bien los pioneros en el tema del enoturimo fueron las viñas ubicadas en los valles de Colchagua, Casablanca o Maipo, entre las las nuevas tendencias del enoturismo, destaca la reciente creación de un inédito tour llamado “Exploración Vitivinícola de Viñedos Antiguos de Chile”, que está orientado a agencias de turismo, visitantes a Chile y amantes del vino que desean conocer más sobre la vitivinicultura nacional.

Estos viñedos antiguos -de más de 100 y hasta más de 200 años- en estas zonas, en particular del Valle del Itata, San Rosendo y Maule, comenzaron a llamar la atención de críticos de vino y medios especializados, como The Drink Business, generándose más de 100 publicaciones en prensa internacional de vinos, donde se explicaba la gran importancia de preservar dichos viñedos, además de destacar los vinos que se estaban produciendo gracias al liderazgo de importantes enólogos nacionales, que se habían capacitado en el extranjero al trabajar en otras viñas en Nueva Zelanda, Francia, Italia, Estados Unidos y de otros países.

Para Cristián Aliaga, enólogo de la Viña William Favre, hay zonas donde han existido siempre vinos, pero nunca se habían desarrollado en forma industrial y comercializado como sí se hacía en la zona central.

“Actualmente, se están elaborando viños con Carignac, Cepa País, Garnacha, Moscatel, Torontel, etcétera. Plantas de 80, 100 años que estaban olvidadas en la zona de Itata, Biobío, Cauquenes, por nombrar algunas. Por estos días, se está dando un vino de muy alta calidad, y eso también ayuda bastante al enoturismo. En sus tiempos, eran muy mal miradas frente a las francesas, pero que en realidad hoy son muy buenos y pelean de tú a tú”, cierra el experto sobre este acierto de producción.

Las viñas familiares tomaron fuerza

El Escorial es una viña cuyo enfoque principal ha sido el enoturismo, actividad fundamental para promover este mágico lugar y la venta de sus vinos.

“Las personas vienen en búsqueda de vivir nuevas experiencias, conocer nuevos vinos, nuevas formas de vinificación, y lo que llama la atención es el interés creciente por estar en viñas más pequeñas, ya sean tipo boutique o viñas familiares, como nos gusta que nos conozcan”, afirma Rodrigo Espinosa Carey, dueño de la viña ubicada en el Km 1,6 Camino Antiguo El Escorial (E-643) Panquehue, San Felipe.

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Según relata el empresario vitivinícola, “en nuestro caso particular, los turistas llegan atraídos por la historia centenaria de nuestra viña y por nuestro “terroir” de Panquehue. Lo que más les ha llamado la atención, es nuestra línea de vinos Cornisa, cuyo viñedo está a 1.600 metros de altitud, que les asombra cómo hemos logrado producir vinos en una zona tan alta y tan aislada”.

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Además, el empresario cuenta que “tenemos la firme convicción de que el enoturismo es clave para desarrollar nuestro negocio, darlo a conocer a turistas nacionales y extranjeros, y es el mejor vehículo para la venta de nuestros vinos, como de la experiencia que viven nuestros invitados, como nosotros mismos”, concluye Espinosa.

Viña Sanroke: “Sin saber, redescubrimos el Malbec”

Otras de las viñas que ha basado su actual producción de vinos con cepas ancestrales es la Viña Sanroke, asentada en San Rosendo, Octava Región.

“Llevamos generaciones produciendo vinos pipeños en garrafas y a granel, sin embargo desconocíamos las cepas que poseíamos”, narra José Luis Rozas, propietario de la viña.

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“A fines de 2011, descubrimos que dentro de nuestras parras había una cepa llamada Malbec, que por desconocimiento llamábamos “burdeo”, y esas parras tenían 150 años, lo que las convertía en las parras Malbec más antiguas de Chile y de Sudamérica, eso sumado a la tierra y clima, permitía que produjeran uvas de alta calidad”, reseña Rozas.

En la actualidad, Rozas y su gente están fomentando con fuerza el enoturismo en la viña, para que las personas conozcan en terreno sus benditas y ancestrales parras, exquisitos vinos e historia.

“Nos sentimos orgullosos del trabajo que estamos haciendo y que también gracias a este emprendimiento estamos representando a San Rosendo, una comuna olvidada, que gracias al vino está nuevamente apareciendo en el mapa. Además, esa idea loca de embotellar permitió el redescubrimiento del Malbec, y gracias a ello muchos vecinos que tienen pequeñas cantidades de esta uva, pueden venderla a excelentes precios, impensados hace 10 años”, remata José Luis Rozas.

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