Está a punto de casarse y descubre que su novio es malito para el catre



Doctor Cariño:

Estoy a un mes de casarme para toda la vida. Primero por la ley de los seres humanos y después por la de Dios, pero no quiero hacerlo.

Llevo siete años de pololeo con un hombre maravilloso, atento, con buen sueldo, empeñoso, pero no me llena en el lugar más importante de todos: en la cama.

Sólo se satisface él y hay cero romance, juego, aventura ah.

Le he pedido que haga cosas distintas, jugadas, pero me dice que para qué, si al final es la satisfacción no más.

Pero yo quiero más, aunque si lo miro bien, no es mucho, ¿no?

Le conté a mi mamá, pero me dijo que esos son temas que se van arreglando, aunque me contó que mi papá siempre fue bueno en esos menesteres, y le creo porque cuando chica oía aullar a mi madre hasta que supe por qué. Era de placer.

Yo quiero eso, pero nos hemos gastado como cinco millones en la boda.

CAMILA

Mi niña:

Asumo que ya lo ha conversado con su novio, pero que él ya tiene una opinión formada de lo que debe hacer y no hacer en el catre.

O sea, primero él y último él, y si usted agarra algo de placer, una miguita de merecumbé, dése por satisfecha.

Estamos claros y no espere que le diga que debe conversar, salvar la situación, porque eso vale cuando la gente ya está casada o tiene una familia.

No es ese su caso. Antes de desgraciarse la vida, agarre las invitaciones y hágalas tiras, venda el vestido de novia si lo tiene listo y siéntese a conversar con el troglodita que se quiere casar, pero no para tratar de reformarlo: dígale que filo, que no va más.

Si le pregunta por qué, tírele en la cara que por malo para el catre y egoísta.

Y a los que querían boda para pasarlo chancho en la fiesta, avíseles que se canceló.

A bolsearle a otra. ¿Estamos?

 

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