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Estas historias de perritos en situación de calle te romperán el corazón

Estas historias de perritos en situación de calle te romperán el corazón

En el Hogar de Cristo, muchos de quienes se refugian bajo su techo comparten un fuerte vínculo con perritos callejeros.

Innumerables son los cachupines que habitan como fantasmas las calles de nuestro país. Invisibles para la mayoría de los transeúntes que espera llegar al calor de sus hogares. Ajenos al desamparo de quienes conocen la parte más sombría de la realidad.

Se sabe que en Chile hay al menos 1.7 millones de perros abandonados por sus dueños, pero por suerte, muchos han logrado crear un vínculo con aquellos que viven en situación similar: personas en situación de calle o inmigrantes.

Éstas son las conmovedoras historias que el Hogar de Cristo recopiló.

La Shakira

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Eliana Ortega (44) estuvo durante 22 años en situación de calle. Hoy es acogida en una de las Casas de la Mujer del Hogar de Cristo. Cuando llega la noche, Eliana entra a la hospedería y Shakira siempre la acompaña. Hoy ninguna de las dos está obligada a mojarse por la lluvia.

Shakira llegó a la vida de Eliana Ortega hace 5 años. “A veces me dan ataques de epilepsia y caigo en la calle, entonces ella me defiende y cuando despierto, la misma gente me cuenta que me lengüeteaba para despertarme. Pero a veces me da un poquito de pena, especialmente cuando llueve, ¿por qué la dejaron botada? Por eso también a veces le digo que es mi hija”.

Muñeca, alias: “La pesadilla con pelos”.

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Antes de abandonarla, su antiguo dueño le tiro agua hervida en el cuello.

“Los vecinos me avisaron que había una perrita botada que estaba quemada. Tenía el cuello totalmente achicharrado. Yo le hice curaciones, le eché cremas, de todo. Al principio era bien brava, me seguía cuadras,  ladrando. Hoy día me cuida, es mi guardiana. Se llama Muñeca porque, en el fondo, esta viejita es cariñosa”, cuenta su su actual dueña.

Leica

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Nadie la quería tocar cuando era cachorrita, tenía tiña y olía muy mal. Yo era el único que la tomaba en brazos, le decía “mi niña bonita”.

Se recuperó con varias intervenciones en el veterinario, los vecinos me ayudaron harto con eso… Ya cuando estaba bonita, todos se la querían llevar para su casa, pero ella se escapaba cuando abrían la puerta y venía a verme. Yo creo que nunca olvidó quién la tomaba cuando élla era solo un monstruito”.

El Johnny Vidal

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Johnny dormía bajo la lluvia en invierno cuando conoció a Luis Caballero.

“Un día se me acercó un amigo y me dijo: al fin encontré un perro que no te va a querer porque es muy bravo, yo le respondí: esos son los que más me quieren. Y ahí lo tienes, es el que más me quiere. Es un protector. Le puse Johnny Vidal, porque Vidal es un guerrero de nuestra selección. Y anda pendiente de todo lo que pasa, no se le escapa ni una”.

Chocolate

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Luis Caballero, de 74 años, vive desde hace 15 años en situación de calle. En la actualidad se encuentra postrado producto de una hernia que no  lo deja moverse. Sus perros son los guardianes de su ruco, sus fieles cuidadores.

A Chocolate lo iban a sacrificar por morder a una persona que le tiró un cigarrillo encendido. “Acá lo tienen, mansito, nos conocimos hace menos de un año y, de todos, es el más tranquilo. Cuando la gente lo ve se asustan, le tienen terror por su raza, pero yo sé que de todos, mi compadre es el más asustadizo, no sé que le habrá pasado antes, pero quien lo abandonó tiene que haber sido un canalla porque el Chocolate se asusta con todo, es bien nervioso”.

Toffy

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Maritza Ceballos (21) de nacionalidad peruana, vive en Chile desde hace 2 años. “Lo difícil ha sido convivir hacinada con otras personas, pero uno se acostumbra, ahorita me estoy quedando con el Toffy en la pieza de una amiga que la arrienda con otra señora y dos niñas”.

“Nos conocimos cuando el Toffy tenía 4 meses, yo recién venía llegando del Perú. Era un perrito abandonado que pedía comida afuera de la pieza donde me quedaba. Era flaco, muy flaco. Lo primero fue llevarlo al veterinario, le dieron una dieta alimenticia, le compré medicinas y lo desparasitaron. Hace poco tuve que irme al Perú por problemas económicos. Apenas volví lo fui a buscar, ahora no nos despegamos nunca. Su color me recuerda a los dulces Toffy que también amo”.

El Junior

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Llegó de 4 meses al quiosco de Marcela Pavellán, su mamá. “Ya está viejito, tiene 10 años, cuando llegó estaba desnutrido, hoy tu lo ves y está gordito. Es mi hijo, mi guagüita. Como tengo niños más grandes y él es el más chiquitito, le puse Junior. Ojalá la gente no tuviera el corazón tan duro como para maltratar a los perritos de la calle. Al final, son los que más cariño necesitan”.

A Marcela Pavellán (45) la puedes encontrar todos los días trabajando en su quiosco en la Alameda, cercano a Plaza Italia. Si quieres conocer a Junior, baja la mirada, él te la devolverá desde su cama dentro del quiosco de la señora Marcela. #Involúcrate acá por los derechos de miles de personas en situación de calle, sus vidas, las de sus perros, también cuentan. 

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