Joven de familia de alta alcurnia se pasea a sus papás por amor rebelde



Doctor:

Uno no elige a la familia, pero sí escoge el amor. Y ese es mi tormento, señor. Vengo de un mundo tradicional, tengo el apellido compuesto y somos de veranear en Cachagua.

Sé hablar tres idiomas y soy lo que dirían un cuiquito, que va a misa el domingo y que, por supuesto, desde mi tatarabuelo que votamos para el lado conservador.

Todo esto ahora me importa una verdadera nalga, porque en la “U” me enamoré de una flaca comunista, que me dio vuelta el mundo.

Amo sus vestidos anchos, su pelo sin peinar y el morral donde anda trayendo desde pitos hasta gotas para los ojos.

Con ella aprendí a ver el mundo de otra manera, y cuando hacemos el amor siento que nada más interesa. Pero también sé que cuando le cuente a mis viejos me harán elegir entre la familia y ella.

Yo ya tengo mi elección, pero necesito su sabio consejo. Gracias.

José Ignacio

Jonás

Pepe Nacho:

Lo felicito por tener las cosas tan claras, mijo. Y, de cierto modo, creo que no necesita que este viejo lobo de mar le dé ningún empujón porque usted solito se dio cuenta de que las cáscaras en esta vida valen hongo.

Importa bien poco si su angelito es comunista y pone los ojos blancos con Nietzsche, mientras se oye Sol y Lluvia de fondo.

Tampoco interesa si ella anda con la yerba loca en el bolso y, por eso, sus papás encuentren que el diablo socialista es el que se apoderó de su ser a través del humo loco.

Gracias al corazón, mi querido amigo de poto parao y papa en la boca, siento que se le abrieron las grandes alamedas por donde entra el amante libre.

Así que siga como está, nomás. Y si los papás se enojan, tápese los oídos, porque si de verdad lo quieren sabrán aceptarlo. Lo felicito otra vez.

Tus consultas y dramas de tipo amoroso pueden aparecer en la Ventanita Sentimental si las mandas a doctorcarino@lacuarta.com