Jugoseo a dos bandas tiene pa’l gato a frescolín

Doctorcito:

El Tinder me tiene entre la espada y la pared. Hace dos años, conocí a dos minas gracias a la aplicación maravillosa con una semana de diferencia. Yo quería puro poncear y si me saltaba la liebre, mejor. Pero como el Chapulín Colorado, terminé con el chipote adentro porque me enamoré de las dos y pololeo con ambas.

Obvio, que entre ellas no se conocen y no tienen idea que me cago a una con la otra en una locura, donde me tengo que repartir al ir al cine, salir a comer y regarles la planta. El problema es que no doy más, pero no sé cómo salir del forro. Una es morena, buena para la cabalgata deportiva, y la otra rubia de labios jugosos. ¿Qué hago? ¿Las presento y me la juego por un trío?

Checho

Míster careglúeto:

El espíritu navideño se me espantó de una con su carta y si le pudiera meter el cacho de Rodolfo el reno en su cooler, lo haría sin vacilar. Con razón los machos estamos tan desprestigiados por giles como usted, que zapatea en dos fondas y juega con la ignorancia de la rubia tragasables y la morena equitadora.

Dígame su bolas tristes, ¿le gustaría que le prometieran el cielo mientras en el fondo usted anda puro revolviendo el yogur? ¿No, cierto? Entonces dígale a ese par de ingenuas la dura, y ponga el cachete al par de charchazos que se le viene bien merecido. La bomba de tiempo va a explotar y usted por gallina quedará con el cogote pelado.

 

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