Limpiavidrios pitutea sacándole brillo al “amorsh”

Doc:

Me gano las monedas en las alturas, pero no soy piloto de avión ni azafato. Soy, simplemente, un limpiavidrios que ya está curado de espanto porque en la pega he visto de todo: partuzas en oficinas, choreos, peleas. De todo.

Hace poco me conseguí un pololo limpiando vidrios en unos depas, poca cosa, porque no estaba en un andamio, sino que en unos balcones. Y estaba en eso cuando cacho una milonga en una suite, acostada con poquita ropa en un king size, y lo que es peor: me estaba mirando hacer la pega. Le sonrío y me hace señas de que abra el ventanal.

Era una clara señal de que quería guerra, y fui a la pelea.

Estábamos en el descanso del guerrero cuando cacho que alguien viene al dormitorio. “Tranquilo, es mi marido, que quiere ver cómo lo hacemos”, me dijo. ¿Me va creer que en vez de arrancar me quedé? Y el ñato se hizo presente y estuvo ahí, viendo mi performance con la muñeca.

Me dieron hasta unas lucas y me invitaron a que le limpie los vidrios a la patrona otra vez. ¿Voy?

ALDO

Don Limpia:

Mis antenitas de vinil me sapean que lo suyo como limpiavidrios es chiva. Que a usted, simplemente, le ofrecieron plata por ir a la pelea con una fémina a cuyo marido no se le pone de pie el muñeco ni pa’ la Parada Militar y le hace al voyerismo.

En materia de cacheteo y ponerle taxímetro al manguaco hay todos los casos que uno pueda imaginar. Pero esta pega de ponerle precio a los centímetros de amor y con público es peligrosa. ¿Qué pasa si justo en la acción al respetable se le despierta la bestia y se los afila a los dos? ¿O solito a usted?

Es menos riesgoso que se dedique a esa pega falsa de limpiavidrios que a la de ninfo a domicilio, porque puede acabar como Caupolicán. Haga caso.

 

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