Teme ofrecerle el maní a colombiana porque su ex es gigante

Doctorcito:

Llevo dos años viviendo en un depa del centro de Santiago, que como sabrá parece más Colombia que Chilito. Al frente hay una pareja de cafeteros: ella con un queque más grande que el cagazo en el puente de Valdivia y una cintura más chica que reajuste de sueldo. Rica sería poco decir. Y él un negro de tres metros, unos brazos de Popeye y, lo más terrorífico, con un garrote que parece títere, que pareciera que tuviera vida propia. El tema es que hace un par de semanas parece que se separaron y ella me ha pedido desde una taza de azúcar hasta compañía. Estoy tentado a tirarme al abordaje, pero con el maní que me gasto temo que no le haré ni cosquillas. ¿Y si más encima reapece King Kong? Ayude a este flaco que sufre con la dieta caballuna, con más paja que agua, eso sí.

PEPE

Mi manicero:

Más que el pirigüín que Diosito le dio para defenderse en el mar de tiburones, lo que en verdad usted tiene chico mi amigo es el autoestima. Por más piñufla que sea el arpón, siempre habrá una manera para ensartarlo en una merluza rasca o una ballena azul. Así que tírese el salto nomás y no se urja por pequeñeces, porque por algo Diosito también le dio un par de manos pidullentas y una lengua inquieta, que en el peor de los casos ayuda a hacer la pega. Ah, y lo otro, si aparece maguila, mejor agarre la primera liana que encuentre y arranque que la furia debe ser peor que la de la Monga de Fantasilandia. 

 

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