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El mundo de Tomi, el niño que no tiene miedo

El mundo de Tomi, el niño que no tiene miedo

Tomas Bock tiene una singular historia arriba de una tabla de surf y rompe esquemas a sus 14 años. Y todo junto a su padre, con quien lleva una vida gitana y de convicciones.

13/02/2018 - Autor: Eduardo Urtubia

Son las 15.30 y Tomas Bock, de 14 años, duerme, como se diría en buen chileno, “a pata suelta”. La noche anterior se acostó tarde y le costó conciliar el sueño. Es lunes, es un adolescente y, bueno, hay que matar el tiempo en una calurosa y tedia tarde de verano.

Ahora bien, esta historia tiene otro desarrollo que usted nunca pensó. No se trata la típica de un espinilludo que, aprovechando las vacaciones, se acostó tarde porque, o vio mucha tele, o salió con los amigos. No. Por el contrario, es “el descanso del guerrero”, en una versión en frasco pequeño…

De padre… Sin dinero y sólo con las ganas de hacer algo grande, Johannes, el padre de Tomas, decidió costear el hobbie del niño, a como diera lugar.

Entendió que la vida de músico no le daba, por lo que se decidió a empezar desde abajo, vendiendo completos en Valparaíso y comida afuera de las discos, las mismas que tantas veces disfrutó por dentro.

Todo se hacía rudo: la madre del niño no aceptaba esa vida. Es que a los seis años es difícil para cualquiera sobrellevar los problemas.

Nieto de un danés que arrancó de la Segunda Guerra Mundial en el barco “Winnipeg” (el mismo que gestionó Pablo Neruda), Johannes siguió porfiando, hasta que le resultó… Es que después de costear la primera tabla buena de surf con lo que ganó en la venta de vienesas-palta-mayo vino lo mejor: su trabajo como fotógrafo aficcionado tuvo reconicimiento y se pusieron a viajar y vivir de eso.

Esta vez, su vida y la del hijo tenían un sentido claro para él. Johannes había enmendado el rumbo que perdió cuando joven.

… A hijo “Sin mi papá no sería lo que soy hoy. Él me metió en esto y quiero hacerlo siempre”, reconoce el adolescente, quien es conocido en el ambiente como el “niño sin miedo”, luego que enfrentara en Hawai uno de los desafíos más peligrosos de este deporte: el Pipeline, playa cuyas olas en forma de tubo ha cobrado la vida de muchos deportistas (debido a la cercanía de los roqueríos).

“Me han dicho que arriesgo mucho a Tomas, pero sabemos lo que hacemos”, confiesa Johannes, quien reconoce vivir hoy de este deporte gracias al auspicio de Maui & Sons y a su trabajo como fotógrafo.

Cambio de vida

Si bien tienen residencia formal en Reñaca, viviendo en la casa de la abuela del adolescente, su forma de vida es más bien parecida a la de los gitanos. No tienen nada estable y van dónde los lleve la ola… Torneos nacionales e internacionales, todo vale por ganar experiencia.

Tomas pasó a primero medio, pero lo conversó bien con el padre. Fue así que optaron por tomar este año exámenes libres para tener más tiempo para lo que realmente le apasiona. Es que su meta es ser el mejor del mundo y, para eso, tiene ahora hasta la venia de su familia materna, pues el abuelo también ayuda monetariamente.

Son las 16 horas de una tediosa tarde de verano y Tomas sale de la casa. Tabla en mano, y sin mirar a tanto bañista que luce músculos en Reñaca, retoma su entrenamiento. En la noche tiene el evento Volcom Sunset Sessions y hay que lucirse. No hay tiempo que perder…

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