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Pajaritos nuevos: cómo sobrevivir de mechón en la “U”

Pajaritos nuevos: cómo sobrevivir de mechón en la “U”

Pasar del liceo a la universidad es un salto duro: el mechoneo, los horarios extraños, los compañeros nuevos, amores y exigencia alta serán sus nuevas vallas a superar. Difíciles, no imposibles, si se encaran con astucia.

09/03/2018 - Autor: ALEXIS TORRES URZÚA

Para muchos jóvenes pegarse el salto del colegio a la universidad no es para nada fácil. Deben ajustarse a nuevos horarios, normas, disciplinas y organizaciones que muchas veces desafían su capacidad y tolerancia, provocándoles diferentes conflictos emocionales.

“Pueden sentir que no logran encajar en este sistema educativo o, en ocasiones, consideran que son poco acogidos, ya que algunos profesores no tienen el mismo trato cercano que muchas veces existe en los colegios”, explica la psicóloga de Clínica Vespucio, Karen Kiblisky.

Acostumbrarse

A algunos “mechones” se les pone cuesta arriba adecuarse a una mayor flexibilidad, ya que están acostumbrados por años a regirse y funcionar bajo normas establecidas. Otros, por ejemplo, deben aprender a organizar sus tiempos, a priorizar y a ser responsables con sus tareas sin la supervisión de los profesores.

“Esto puede causar ciertos desajustes en la estabilidad emocional de los jóvenes, provocando estrés, ansiedad y/o angustia al sentirse sobrepasados por el nuevo ritmo o sistema de estudios”, aclara la especialista.

Camila Correa es una chica de 18 años, quien este 2018 partió su aventura en la Educación Superior, en la Universidad de Santiago. El cambio para ella ha sido drástico, ya que debió canjear su apacible Machalí por la vorágine capitalina.

“Es súper fuerte esta experiencia, por los viajes diarios, meterme al metro y acostumbrarme al estrés de los santiaguinos”, relata la estudiante de Ingeniería Comercial.

“Ahora en la ‘U’ tienes que comenzar todo de nuevo. Conocer al que se siente al lado, conversar, formar un grupo de estudio, etcétera, aunque cuesta un poco agarrar confianza con los nuevos compañeros, lo bueno es que están todos en la misma”, agrega Camila, quien sale a las 6 de la mañana a tomar el bus, y así poder llegar puntual a la primera clase, que arranca a las 9.40.

Cambios en el horario

Por su parte, a Damián Dolfino (19) lo que más le ha costado es adaptarse a la nueva mano dura y las horas de sueño. “Llevo una semana y el lunes ya tengo mi primera prueba. Recién estamos comenzando el año y se siente la exigencia.

Hay días en que saldré a las 20.45 de clases. Imagínate, entre llegar a la casa, comer algo y estudiar, ¡pfff!… tendré re pocas horas para dormir. Pero bueno, así es la vida del universitario”, cuenta el estudiante de Kinesiología, de la Universidad Finis Terrae.

Un nuevo mundo social. Si los jóvenes no logran lidiar bien con estos cambios, y vemos que sus comportamientos, gustos, apetito, sueño (cantidad y/o calidad) se ven afectados, la psicóloga advierte que es importante consultar con un profesional a la brevedad, “para orientarlos y entregarles el apoyo emocional que requieren en este proceso adaptativo que están viviendo”, explica Kiblisky.

Igual, entre las cosas positivas y que han evolucionado, están los mechoneos, que antes eran rudos, pero que actualmente son cada vez más soft, y donde lo que más se privilegia es la creatividad, por encima de la necesidad de humillar a los “pichones”.

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