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Quiere recuperar a la patrona que le puso el gorro con un gigoló

Se me vino la noche de un viaje: pillé a mi mujer poniéndome el gorro hasta las orejas y, para rematarla, le pasaba plata para que se vistiera y apostara...

14/02/2018 - Autor: Doctor Cariño


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Doctor:

Se me vino la noche de un viaje: pillé a mi mujer poniéndome el gorro hasta las orejas y, para rematarla, le pasaba plata para que se vistiera y apostara a los caballos.

Apenas caché eso, le puse candado a la caja chica del negocio, sin enfrentarla ni hacerle una escena, y las pérdidas de plata empezaron a desaparecer.

Puse a cuidar la entrada y salida de plata a una cabra muy buena para los números y con amplios poderes, sólo responde ante mí.

Para sellar la confianza entre ambos, nos fuimos a un hotelito del centro y como que se me pasó la rabia contra mi mujer.

A todo esto, la muy fresca anda intratable, porque al no tener con qué hacerle arrumacos al galán, éste le cortó todos los servicios básicos.

¿Para qué le escribo? Por ayuda, claro que sí. Pese al desquite con la cabra de los números, me duele el zapateo en la nuca de mi esposa. La quiero y me gustaría que volviera al catre, porque es de lujo.

Lilo

Don Lilo:

Antes de soltarle el consejo, primero debe aguantar mi raspacachos, es parte de la consulta.

Usted y su esposa son un parcito de temer: gorrero por naturaleza y reacio a enfrentar las cosas. Primero usted, que en vez de contarle a ella de que la pilló y que es una cochinada lo que le hizo, se quedó callado y la apretó en lo económico para ver qué pasaba con el cafiche.

A eso le agrego que decidió pagarle con la misma moneda, pero para callado. Y ella, en vez de gritar por la falta de morlacos para el galán, se quedó callampín a pesar de los servicios cortados.

Tras esto, el consejo es uno solo: cuéntele toda la verdad, que la pilló, que la gorreó y que quiere recuperarla.

¿Sabe por qué la perdió? Por haberse dedicado ciento por ciento a la pega y no le dio tiempo al amor. Obvio, ella buscó una válvula de escape y se halló a un alitas cortas que le sacara trote en el catre.

Ya, Lilo, hable con ella, pero con el corazón, no con la pica y capaz que terminen encamados recordando viejos y buenos tiempos.

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