Quiere servirse a la hermana de su mejor amigo

Doctor Cariño:

¿Será pecado enamorarse de la hermana de mi amigo? Con el Pepe somos yuntas desde chicos y justo ahora, después de 15 años, su sister regresó de Argentina. Cuando éramos pendex, la cabra era guagua y su mamá se la llevó a Buenos Aires. Y mi compadrito me invitó al asado de bienvenida. Cuando apareció la ex guagua, quedé con la lengua en el suelo y los ojos en el bolsillo de mi camisa. Era una Yayita de Condorito. Chica, pechugona, potona y simpática. Quedé prendido y bailé toda la noche con ella. Lo penca vino después, porque ella misma me llevó para una pieza y me bajó los tolompas. Ahí, imagínese lo que me hizo. De repente entró el Pepe y me sacó la cresta. Me subí mis pantalones y corrí después de la pateadura. A ella la amo y a mi amigo lo quiero. Pero los perderé a los dos.

Bastián

Perro:

Lo que le pasó a usted es normal, pero claramente que acá hay una cosa que nunca se da: fue todo en muy poco tiempo, po’h hijo. Es decir, la conoció, comió asado, se pegó la zangoloteada, se la agarró y después terminó caminando a lo pingüino con los pantalones abajo y recibiendo cualquier cachuchazo. Hable con su broder y dígale sinceramente lo que siente por su hermana. Si comprende serán todos felices, pero para él la imagen de su amigo con su hermana en la pieza y vestido de Adán, no la olvidará. Difícil que vuelva a ser lo mismo. Difícil.

 

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