El rostro hípster que ahora tiene el Persa Bío-Bío

Una tina antigua transformada en mesa, carcasas de autos de los ’80 como asientos y ruedas de bicicletas recicladas como barandas. Así está decorada la pizzería “Mal de Diógenes”, ubicada en el galpón San Isidro.

A su lado hay tiendas de ropa y, a lo lejos, en la calle, un montón de vendedores ambulantes que muestra desde antigüedades hasta tecnología a las personas que caminan por el Persa Bío-Bío.

En el pasado quedaron los días en que sólo los anticuarios iban en busca de alguna reliquia. Para muchos, incluso, tiene una onda parecida a la subcultura de los hipster.

“Ha evolucionado. Yo llevo 20 años acá. Al principio todo se trabajaba en la calle. Luego llegaron los galpones. Ahora se vende tecnología, mucha ropa, cosas de marca, muebles, comida y las antigüedades están en sectores específicos”, contó Jorge Rives, administrador del galpón San Isidro.

Otro que ha visto el cambio es Carlos Soto, quien lleva diez años en el Persa.

“Hoy puedes encontrar más variedad. Se ve más gente del barrio alto, es más cosmopolita, porque es más transversal, acá ves todas las clases sociales”, confesó.

Visionario, fue el primero en instalar un café por el barrio Franklin. Hoy abundan. “No había ninguno cuando lo colocamos hace dos años. Este pasillo antiguamente no existía, estaba cerrado, eran bodegas abandonadas. Fuimos pioneros en el tema de la comida. Incluso, tenemos helados artesanales”, aseguró.

Hoy Weekend Café, ubicada en el galón Víctor Manuel, se llena todos los fines de semana. Su particular ubicación, ya que está a metros del comercio callejero y su pasillo da con el inicio de un galpón, es un reflejo de lo que hoy es el Bío-Bío, que cuenta con más de 4.000 locales.

“Lo rico es tener el comercio callejero, poder regatear, las antigüedades y además un lugar para comer. Ahora es casi un paseo familiar para las personas, porque pueden comer algo y luego seguir viendo cosas para comprar”, comentó.

Familias completas

Rives destaca que ahora el sector es “más comercial. Hay muchas alternativas de comida, por ejemplo, de Venezuela, arepas, comida italiana, thai, chilena y árabe. La gente ya no viene sólo a ver muebles o ropa, también a comer. Es como venir al mall”.

Samir Assaad Mercel, dueño del local de comida “El Libanés”, ubicado en calle Franklin, fue uno de los primeros en ofrecer shawarmas, falafel y rellenos árabes en el sector.

“Gracias a Dios tengo gente desde que abrí. La mayoría es chilena. Antes era el único que vendía, pero ahora se pueden ver en varios lados”, afirmó.

Samir ha visto el cambio de público en su local. “Antes eran puros jóvenes, o papás que venían con sus hijos a comprar algún mueble. Ahora atiendo a familias completas”.

Raúl Andreu, autodenominado el Rey del Té, vende infusiones, té y maca, un energizante natural. A su lado, se pueden ver legos, cachureos, revistas antiguas y hasta vinilos.

El comerciante que antes vendía muebles dijo: “Acá se cambia de rubro constantemente. Hace 11 años que estoy acá y ahora vendo té en la calle Bío-Bío. Vendo bastante”, reveló.

Para él, “el cambio ha sido bueno. Ya no es sólo muebles o ropa. Se ha diversificado. Lo único es que no me gustaría que se perdiera la calle, porque al final sin eso, no sería el Persa”.

Pizzería con “Mal de Diógenes”

Una tina antigua y autos de los ochentas encuentra en el lugar ubicado en el galpón San Isidro.

La gracia es que a pasos encuentra ropa, tecnología, una heladería y la infaltable gente vendiendo en la calle.

“Antiguamente venía la gente específica a dar la vuelta por la antigüedad, ahora es como venir al mall, porque encuentra de todo”, contó Jorge Rives, administrador del galpón.

De China a Sri Lanka

Raúl Andreu, autodenominado el Rey del Té, vende infusiones, té y maca, un energizante natural, en la calle Bío-Bío.

El emprendedor antes ofrecía muebles y valora el cambio que ha tenido el sector.

“Creo que es bueno que ahora haya más opciones, porque acá siempre se cambia de rubro”, aseguró.